VAINILLA Y CANELA

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Aquél tierno y dulce beso comenzó a subir de tono, la mano de Víctor se deslizó por la mejilla del azabache avanzando hacia su cuello sujetándolo con fuerza y acercándolo más a su cuerpo, Yuuri se dejaba manejar por él, sentía de nueva cuenta como su corazón palpitaba sin control y el calor de su cuerpo subía. Tomó al menor por la cintura con su mano libre y lo recostó en el sofá, sus manos lo sujetaban con firmeza mientras él se abrazaba a su cuello, ¿qué estaba haciendo? La respuesta era más que obvia, pero ¿porqué lo hacía? ¿Porqué se estaba dejando llevar? Tal vez simple y sencillamente algo dentro de si se lo pedía, pero ¿qué era? ¿Su voluntad o su instinto?.

Yuuri no podía creer lo que pasaba en ese momento, estaba ahí sintiéndose amado por primera vez en su vida y se sentía demasiado bien, sabía que era estúpido de su parte pensar de esa manera en ese momento, pero Víctor lo dejó claro, intentarían que funcionara y aún incluso con esa mínima probabilidad de su lado él era la persona más afortunada del mundo.

El alfa dejó de besar al menor y le observó fijamente mientras las mejillas del contrario se volvían aún más rojas -¿q-qué sucede?- pregunto el nipón, se sentía observado y un poco juzgado a la vista del mayor —Nada, solo te observo, veo tus ojos, tus labios, tus mejillas y me doy tiempo para pensar lo bien que hueles—

—¿Pu-puedes olerme?— el ruso asintió mientras se acercaba al cuello contrario y respiraba profundamente en este inhalando aquel sutil aroma —Hueles a vainilla y canela— en ese momento los ojos del omega se iluminaron por completo, aquella respiración hacía que su piel se erizara y un fuerte cosquilleo se alojará en su cuello —Ví-Víctor...— el alfa sujetaba con delicadeza la cintura del menor mientras mordía su propio labio; entre más olía al omega más sentía esa imperiosa necesidad de tomarlo, su calor corporal subía y estaba acompañado de un creciente dolor en sus dientes, quería hundirlos en el delicado y hermoso cuello del nipón, era más que obvio que comenzaba a descontrolarse, sus manos viajaron debajo de la playera de Yuuri quien gimoteo levemente al sentir aquel tacto en su piel.

El aroma de ambos comenzaba a inundar la sala, pero el aroma de Víctor era el que predominaba en la habitación, era tan fuerte que comenzaba a marear a Yuuri que comenzaba a ponerse nervioso, ¿sucedería? ¿De verdad estaba pasando? —Yuuri ¿éstas nervioso?— el mayor podía sentirlo y era muy natural, pero por más que quería detener a su cuerpo este no reaccionaba a sus ordenes —Si... Un poco pero yo quisiera...—

—Yuuri estoy en ¿ca

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—Yuuri estoy en ¿ca... sa?—

Ambos dirigieron su mirada hacía la puerta encontrándo ahí de pie a la señora Katsuki quien se hallaba sonrojada y con una divertida sonrisa al haber encontrado a su hijo en aquella situación: un apuesto y semidesnudo alfa recostado sobre su inocente hijo omega y con sus manos debajo de su ropa —¡¡Mamá!!— por inercia Yuuri empujó al peliplata quien cayó al piso aún petrificado, vaya que no era la mejor impresión que podría dar al ser la segunda ocasión que se veían, —Yo... Lo... Lo siento mucho, perdone— se puso de pie he hizo una reverencia frente a la mujer quien se acercó a una pequeña mesa, dejó una bolsa de papel que llevaba en sus manos y salió hablando entre risas —Vuelvo más tarde cielo, recuerda que no debe agitarte demasiado— si Yuuri estaba apenado ahora sentía que el humo podía salir de su cabeza, esta era quizá la cosa más vergonzosa que podía haberle pasado hasta ahora en toda su vida y justamente con Víctor.

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