Capítulo 23.

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Capítulo 23| Jaque Mate.

Antonella Cavalcante:

—¿Quieres que te ayude con eso?

Sin esperar respuesta, Lionel agarra mis maletas y las arrastra hacia la mansión.

—No tienes por qué— intento detenerlo pero quien me detiene es él y me aparta las manos cuando intento agarrar mi equipaje.

—Somos amigos ahora, los amigos se ayudan.

Tuerzo los labios y quiero creer que no hace esto con segundas intenciones.

—Sí... no se por que te propuse aquello.

Se gira hacia mi, el sol de la tarde dándole justo en sus ojos azul celeste que brillaban hoy más que algún diamante. El dolor en el pecho aparece y tengo que llevar mi mano allí para intentar calmarlo.

—Por que como enemigo no me puedes tener cerca y aunque se lo niegues a todos, a mi e incluso a ti misma, no puedes evitar quererme cerca— se relame los labios y por alguna razón no puedo contradecirlo.

—Ya te dije que...

—Has dicho muchas cosas, quisiera saber cuál de ellas es cierta.

—Todas— me desespero y llego hasta él— todas ellas.

—Eres una pequeña mentirosa— se me burla y vuelve a caminar hacia la casa, ignorándome completamente. Suelto un chillido de irritación y voy tras él para golpearlo en la espalda.

—¿Y eso por que fue? ¿me insultas y ahora me golpeas?— en vez de parecer ofendido o enojado, luce divertido.

—Eres un idiota, ¿sabias eso?— le gruño.

—Gracias Antonella, lo sumare a la lista de insultos infinitos que me tienes— se mofa y me hace reír.

Todos se encuentran en la sala resolviendo algunos últimos detalles con respecto a Max, cuando nos ven entrar riendo y Nate es el primero que pone mala cara, luego esta mi novio quien se cruza de brazos y se tensa de manera inmediata.

—¿Es enserio?— me susurra Nate cuando paso por su lado para llegar hacia Will que está al lado de la escalera.

—¿Que hacías con él?— me interroga. Subo a un escalón para llegar a su altura y paso un brazo por encima de sus hombros— Antonella...— pide respuesta.

—Solo estaba ayudándome con las maletas.

Me mira y la desconfianza baña sus preciosos ojos tan solo por algunos segundos pero son los suficientes para que yo me sienta triste.

—Yo me ofrecí a ayudarte con las maletas— me recuerda con molestia— dijiste que podías con ellas, ¿es que estabas esperando a que él se ofreciera?

—Will— le reprendo entre dientes— Solo me ayudó con unas maletas, no es de gran importancia.

Asiente con desagrado.

—¿No es de gran importancia?— evita mirarme— sabes que sus intenciones van de la mano con segundas.

—No es así...— trato de convencerlo.

—¿Y tú cómo estás tan segura? ¿te lo dijo y tú te lo creíste?

—Son unas estúpidas maletas— casi le grito, frente a todos y con enojo de que vea eso mas de lo que es.

—Claro, primero serán las maletas, ¿que será después?— espeta.

—¿Que insinúas?— le ataco y lo hago mirarme al cogerlo de la barbilla con fuerza— ¿Que es lo que estás insinuando?

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora