Extra II.

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Extra II.

Lionel Herrán:

Tres años antes.

Corro, corro sin parar y sin importar que mis pies se encuentren descalzos. Esquivo árboles, salto arbustos y llego a perder la noción del tiempo cuando duro horas... días, escondiéndome de Alejandro. He tenido que dejar el cuerpo de Gisela tirado en aquella casita de madera como si no le importase a nadie, pero me prometía a mi mismo que volvería por ella.

O eso fue lo que creí. Por que nunca encontré el camino de vuelto y el haberla dejado allí, tirada, me iba a perseguir por siempre. Lo siento, mi arpía, lamento no haber podido siquiera evitarlo.

Recuerdo lo sediento que estaba. Lo hambriento. La rabia que sentía y la cual me hacía temblar y el único motivo que tenia para seguir era encontrar a Antonella. Pero yo sabia que no sería fácil y me tomó un año hacerlo. No por que no sabía donde estaba, si no por que tenía que asegurarme de que todo estaba seguro para volver con mi familia. Tras asesinar a Alejandro con mis propias manos, con la ayuda que me pudo brindar Marco y tras haber, también, eliminado a su único hijo de la faz de la tierra, me sentí seguro otra vez.

Ya no habían Dubois que pudiesen joderme. Ya no habían Dubois que pudiesen hacerme el mínimo daño y eso, para mi, era una bocanada de aire fresco.

Es cinco de abril cuando el dolor en el pecho desaparece por completo y el único motivo es que al fin puedo encontrarme con ella. Es de noche cuando llego a la playa en aquel barquito, no me importaron las consecuencias cuando me subí con unas personas que no conocía, ya que lo único que me importaba era llegar a ella.

Volver a ella.

Para mi sorpresa, la encuentro mirando a la nada en aquella desolada playa y el alma se me rompe en miles de pedazos. Desde la lejanía la observo y me pregunto si me perdonará por haber tardado tanto en encontrarla. Me pregunto si aún seguía amándome, si aún anhelaba tenerme a su lado.

—Amore...— susurro y se exalta, más sin embargo no se voltea a ningún lado, sigue mirando al cielo. Debe creer que es producto de su imaginación y es por ello que me acerco aún más— Mi amore...— la voz se me entrecorta justo cuando Antonella se pone de pie y busca de donde viene mi voz.

Cuando repara en mi, pero no en mi totalidad si no en una sombra por culpa de la poca iluminación. Empieza a llorar con fuerza.

—No llores...— pido, estrangulado— Mi amor, estoy aquí.

—No eres real— susurra con la mirada nublada a causa de las lagrimas. Sí, sí lo era— Tú no eres Lionel, no eres mi Leo.

Pero salí aún de mi escondite y bajo la luz de la luna, ella reparó en mi. Me detallaba y yo sabia que se había fijado en la barba que estaba más larga, el cabello igual y a causa del viento, se despeinaba rebeldemente. La camisa azul la traía estrujada al igual que el pantalón negro.

—No...— se alejó de mi y me vi desfallecer.

—Soy yo— susurré preso del pánico— he vuelto a ti—busco sus ojos con desesperación y noto que para ella es tan difícil devolverme la mirada. Le cuesta hacerlo y lo hace minutos después que siento como una jodida eternidad. Ahí estaban, aquellos dos pozos que todos los días me recordaban cual era mi motivo para seguir respirando en este mundo de mierda.— Mírame, amore, soy yo...

Al escuchar aquel apodo, al escucharlo luego del año de sufrimiento que tuvo que pasar, me vuelve a entregar su alma. La que siempre fue mía y es entonces cuando la mía y la suya vuelven a recontarse.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora