Capítulo 29.

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Capítulo 29| La última vez que me
tocaste.

Antonella Cavalcante:


—¿Que es lo que quieres de mi?— me espetó desde el otro lado de la isla.

Su tono de voz me hizo estremecer.

—Quiero que me digas que es lo que te pasa últimamente— igualo su tono de voz por que menos que él no soy.

—He estado diciéndote estas últimas semanas que no me pasa nada.

—¡Y se que me estás mintiendo!

—¡Deja de pensar que todo el mundo te miente, Antonella!

—¡No todo el mundo, Tú!— le recalco— ¿Que es lo que va mal? dímelo y lo resolveremos juntos.

Mira la hora en su móvil.

—Tengo que ir yendo.

Claro, se iba a alemania a pasar el fin de año.

—No saldrás por esa puerta hasta que me digas lo que está mal con nosotros.

Suspira, irritado.

—No va nada mal con nosotros, mi madres es la que me tiene estresado.

—¡Entonces no vayas!

—No es tan fácil cómo decirlo, Antonella— me hace saber y pasa por mi lado arrastrado su maleta— Nos vemos en un mes.

—En un mes pueden pasar muchas cosas.

Me mira con el ceño fruncido.

—¿Que quieres decir?

—Que si te vas ahora no sé si cuando vuelvas me seguirás teniendo aquí.

Me tiembla la voz, las manos, toda yo estoy temblado. Will me mira sin decir nada y se pasa una mano por el cabello.

—Haz lo que te dé la gana.

︿

Cuatro días y sin llamadas de él. No sabía como aquello me hacía sentir, así que solo estaba ignorándolo lo más que podía. Estábamos en un momento extraño en nuestra relación y no sabría decir si tenía arreglo o no.

Esa tarde, las 1 exactamente, me preparaba para ir a comprar algunas cosas que me hacían falta en el supermercado. Eleanor y Max pasarían por aquí más tarde y me harían compañía hasta el día siguiente.

Me miro en el espejo antes de dejar caer mi cabello como una cascada detrás de mi espalda, abotonarme los jeans y ponerme un gorro de lana blanco. Agarro mi bolso con las cosas necesarias ya dentro y salgo de la habitación tras darle una mirada a la cama que siento vacía. Extrañaba a Will, no iba a mentir.

Cuando me dirijo a la entrada, escucho los toques en la puerta suavemente y luego el timbre es escuchado por toda la estancia. Frunzo el ceño, confundida por que aún no es hora de que mis amigas estén aquí y yo no estaba esperando a nadie más que a ellas.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora