Capítulo 31.

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Capítulo 31| Doble vida.

William Herrán:

Hacía ya cuatro días en los que me encontraba en Alemania, en mi hogar nativo y eran pasadas las ocho de la mañana cuando baje las escaleras hacia la mesa familiar, encontrándome allí con mi madre discutiendo por el móvil con Lionel. Cuelga cuando me ve llegar, o al parecer él le cuelga a ella por que su semblante consternado es el que me da los buenos días.

—Hola, mamá, ¿con quien hablabas?— me hago el desentendido, dejando un beso en lo alto de su cabeza. Le resta importancia y me anima a sentarme a su lado.

—Hoy tenemos esa fiesta— me avisa, cargada de emoción. Yo no puedo hacer más nada que encogerme de hombros y empezar a comer, ignorándola— siéntate derecho.

Enderezo la espalda con resignación.

—¿De que fiesta me estás hablando?— me aguanto las ganas de poner los ojos en blanco por que se que ella aborrece aquello. No me contesta, más bien me deja a la espera y yo me irrito a más no poder— ¡Madre!

—No te atrevas a alzarme la voz— me señala, amenazante— sabes de qué fiesta te hablo, no juegues conmigo, no seas como tu padre.

—No soy nada como él— aprieto la quijada tan solo por el hecho de que me haya comparado con Lionel.

—Entonces actúa diferente— recomienda. Su mano llega a la mía y con una pequeña sonrisa me dice:— Esta fiesta es importante.

—No tengo ni la más remota idea de lo que me estás hablando.

Mamá se traga el gruñido y cierra los ojos, pidiéndose paciencia a sí misma.

—La familia de Ivonne estará haciendo una fiesta esta noche y ya es momento de que se presenten a la sociedad.

Niego, imposible.

—No tiene sentido de que lo haga, mamá, como quiera voy a volver a irme.

Eso parece molestarle aún más, más que el hecho de que yo no recordara dicha fiesta.

—No lo harás, ya hemos hablado de esto.

—Tu has hablado y yo he escuchado— le digo, terminando mi desayuno y dejando el plato a un lado— Y he decidido que no me quedaré por más de un mes.

—¿Es por ella no es así?— rabia en su voz. Siempre ha sentido rabia por la familia Cavalcante y las razones aún eran desconocidas para mi.

—¿Y si te digo que sí? ¿que si es por ella?

Pasa lo esperado; da un golpe a la mesa antes de ponerse de pie y empezarme a gritar.

—¡No vas a volver a marcharte y si tengo que hacer lo imposible es lo que haré!

Frunzo el entrecejo.

—No la conoces.

—Y no me hace falta hacerlo.

—Ella no es cómo crees que es, mamá, si tan solo le dieras la oportunidad...

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora