Capítulo 39.

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Capítulo 39| Bienvenida a la civilización, Arpía Alemana.

Antonella Cavalcante:

La llegada de Gisela era algo que revoloteaba todo dentro de mi, me ponía nerviosa y temerosa por el rechazo que no quería sentir de ella hacia mi. Lionel me había comentado cómo se sentía con respecto a mi familia y yo, muy lejos a aceptarlo, lo había escondido en lo más recóndito de mi cabeza. ¿Cómo podría yo caerle mal a una persona que ni siquiera me conocía? ¿solo por mi apellido? se sentía injusto.

Y pensaba que podría caerle bien después de todo si llegase a conocerme.

Pero no era yo la única temerosa de su llegada, los chicos también lo estaban. Tanto Nate como Eleanor organizaron la casa como Will les iba instruyendo y Max y Bash hicieron una lista de cosas que este podría cocinarle durante su estadía, Will les había informado acerca de los platos favoritos de su madre.

Me doy una última mirada en el espejo y me sonrío a mi misma por que necesito la fuerza para conllevar este día hasta el final. Como por ejemplo: saber por qué ella es a quien él necesita, que se tan gravedad es el asunto con Irene y ¿por que se me viene a la cabeza que todos estamos implicados por el simple hecho de estar conectados a Lionel Herrán?

Toda esta situación me sacaba de mis órbitas. Necesitaba que este día acabara lo más rápido posible, para así volver a casa y hacer como que nada ha ocurrido. Hasta que Leo y yo estemos en nuestra cama, mi cabeza en su pecho y su mano acariciando mi cabello.

Para sentir la paz y tranquilidad que en mi vida entera hubiese tenido el gozo de disfrutar si no fuese por él. Por que puede ser un mierdas, un ególatra y todo lo que quiera, pero lo que sentía yo por ese hombre me era fascinante.

—¿Que haces?— me dirijo directamente a él cuando ya he terminado de prepararme. y le veo sentado en el desayunador con un pan en la mano y una taza de algo en la otra.

Lionel me repasa de pies a cabeza y me mira con una ceja enarcada y luego alzar el pedazo de pan que se estaba comiendo antes de que yo llegara con una sonrisa boba en los labios.

—Me estoy comiendo un pan con café, ¿es que no es obvio?— dice con obviedad— ¿Estas lista? debemos ir yendo...— balbucea levemente, pero lo noto.

Al parecer, no se había levantado con buen pie y eso no fue difícil de notar para mi. También el hecho de que posiblemente aquella taza de café tendría alcohol incluido. No pierdo ningún tiempo en enfrentarlo y acercarme a él para arrebatársela.

—¿Como es posible que estés consumiendo alcohol a las diez de la mañana?

Leo bufa.

—No seas pesada, Nell, lo necesito— reclama.

—¿Por qué?

Niega y le resta importancia con la mano.

—Te he hecho una pregunta.

—Debemos de ir yendo— repite fuerte y claro, sin titubear.

—No lo hagas, no otra vez.

Me mira confundido.

—¿El qué?

—No vuelvas a cerrarte a mi, ya hemos pasado esta etapa.

Lionel suelta un suspiro, una largo, ese que dejas salir cuando te estás pensando en soltar todo, planteándote si es buena idea o lo dejarás pasar.

—Toda esta situación me tiene jodido, agarrado completamente de las bolas.

—Mi amor...

Sonrío levemente, con ternura. Me acerco y paso mis manos alrededor de sus hombros para acariciarle la espalda.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora