24.

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KATHERIN.

Me encontraba sentada en mi escritorio, encerrada en la oficina, eran cerca de las dos de la tarde y mi estómago rugía hambriento, sin embargo, no podía dejar de mirar los bocetos que tenía para los nuevos diseños.

Sentía que me estresaba cada vez más a medida que trazaba, borraba y corregía algún diseño, ni decir de la gran cantidad de hojas que había en el basurero.

En ocasiones mi vista se desviaba a aquel pelinegro que yacía cómodamente en el sofá de la oficina, a pesar de comer algo y ya sentirse mejor decido quedarse a arruinar la poca paz que tenía, suficiente tenía con que invadiera mi espacio en casa para que también lo hiciera en el trabajo.

— ¡Ya no puedo más! — grite ofuscada tomando todas las hojas del escritorio y lanzándolas al aire.

Amaba el diseño, diseñar era mi sueño y mi pasión desde niña, amaba mi carrera y era consciente de lo que significaba trabajar bajo presión, sin embargo, el hecho de que el trabajo fuera para el icono más grande de la moda y mi ídolo desde la adolescencia hacía que todo fuera más difícil.

Sentía que la presión era el doble, no quería por nada del mundo defraudar al hombre que me estaba brindando la oportunidad de mi vida, darle una mala impresión no sólo como jefe sino también como suegro me aterraba.

¡Por Dios! Era una temática tan simple, que aún no entendía porque no podía plasmar mis ideas adecuadamente, sólo constaba de una línea de ropa de estilo Art Nouveau, eso era todo, diseños perfectos que se vieran perfectos en Matthew, quien sería el que modelaría.

— ¿Qué sucede? — mire a Matthew, se encontraba sentado en el sofá mirándome fijamente. Le hice una mueca como respuesta, no quería aguantar sus bromas y sus comentarios odiosos ahora.

— Mujer, todos tus diseños son buenos, deja de atormentarte —

— Es que no entiendes, no tienen que ser buenos, tienen que ser perfectos — suspire pesadamente mientras me levantaba de mi silla, hora tenía desorden que levantar.

— Son diseños que verá nada más y nada menos que Lucían Collins, no puedo entregar cualquier cosa, quiero entregar perfección y calidad — él sonrió y se levantó de su silla acercándose al desorden de papeles tirados en el suelo. Se quedó mirando fijo unas hojas y saco su celular.

— Mira — Me paso la foto que acababa de tomar con el celular. — ¿Ves eso? —

— Es perfecto — corrí a tomar mi libreta y empecé a dibujar lo que mostraba la foto, algunas hojas quedaron superpuestas y armaron el primer conjunto, justo lo que necesitaba, la composición, el estilo y los patrones, era como un rompecabezas, sólo debía unir las piezas en el lugar indicado y ¡Voila!

Aún con libreta en mano caminé hasta sentarme en el sofá, mi mano parecía tener vida propia, se movía con rapidez sobre el papel y en menos de nada tuve diseñado el segundo conjunto, ahora sólo faltaban cinco.

— Te quedó perfecto, tal y como querías — la voz de Matthew me sobresalto haciéndome saltar en mi lugar. Su rostro estaba a centímetros del mío

— Diablos Matthew, olvide que estabas aquí — Me toque el pecho sintiendo el corazón palpitar sin control en mi pecho, retire un poco mi rostro del suyo y mire fijo mi cuaderno — Si, quedó hermoso —

Aún sentía la respiración de Matthew cerca de mi cuello, y extrañamente su cercanía me ponía nerviosa, me levanté del sofá para alejarme un poco de él yendo directamente a donde acababa de hacer un desorden de diseños.

Me dispuse a levantar las hojas, no quería que Lucían entrará en algún momento, viera este desastre y pensará que no tengo seriedad en mi trabajo.

— ¿Quieres ir a almorzar? — Me pregunto Matthew mientras me ayudaba a levantar las hojas.

— ¿Quién eres y que hiciste con el idiota con el que me casé? — su comportamiento era extraño.

— ¡Eres insoportable! — grito asustándome, se giró y lanzó los bocetos que tenía a mano, — me voy a comer sólo, ridícula — camino hasta la puerta con pasos largos y antes de abrir la puerta me habló.

— Odio tu asquerosa presencia, ya estoy aburrido de ti y tus comentarios de mierda, ojalá te largues lo más pronto posible de mi vida — con esto salió dando un portazo.

Suspire pesadamente antes de seguir levantando mis cosas, sus palabras me habían dolido un poco, sin embargo, preferí no darles mucha importancia, sentí que la puerta se abrió, pero no preste mucha atención a quien había entrado.

— ¿Te encuentras bien Kathe? — Jen se encontraba a mi lado ayudándome a levantar mis cosas. — ¿Qué sucedió? ¿Porque lloras? — toque mis mejillas, de verdad estaba llorando y no me había dado cuenta.

— No lo sé —

— ¿Te hizo algo ese idiota? Porque si es así juro que lo voy a destrozar — negué con la cabeza.

— Tal vez estoy sensible por mis días — ella me miro con incredulidad. — Bien, te contare, pero vamos a comer algo ¿sí? —

Durante el camino fui contándole todo lo ocurrido desde el día de la boda, la noche de bodas, la mañana siguiente, las bromas de los días siguientes, sus acercamientos y su extraño comportamiento algunas veces, ella me escuchaba atenta. Llegamos a una cafetería cercana, aun seguía hablando de lo sucedido mientras nos sirvieron la orden.

— Creo que tú le gustas amiga — escupí el café que tomaba sobre ella — Asquerosa —

— Yo no puedo gustarle, es casi imposible — dije mientras ella limpiaba su cara.

— Nada es imposible amiga, eres una mujer hermosa, cualquier hombre gustaría de ti — cualquiera menos el que yo quería.

— Si claro —

— Enserio, y Jonathan no cuenta, es un patán poco hombre — negué.

— Es un buen hombre, sólo que no soy su tipo ideal, pero tu si, ya deberías corresponderle ¿Qué más debe hacer ese pobre hombre para que le prestes atención? — sabía que a ella gustaba de él, pero el hecho de que me gustara a mí hacía que ellos no pudieran estar juntos, pues Jen no quería que me sintiera mal.

— Mejor No —

— Mejor si, vamos Jen sé que te gusta, dale una oportunidad, deja de pensar en que podría pensar yo, porque la verdad me voy a sentir muy feliz de verlos juntos — mentí un poco, pero no podía hacerle eso a ella.

— Kathe — ella se veía dudosa de hablar — ¿A ti te gusta Matthew? — quedé con mi cuchara a medio camino.

¿Me gustaba Matthew? La respuesta era más que clara, No, no me gustaba Matthew, sólo me ponía nerviosa, pero no me gustaba.

— Creo que tu silencio me lo confirma —

—¿Que? No, claro que no, no me gusta Matthew — el todo fue decir su nombre y fue como invocarlo.

La puerta del baño se abrió dejando salir una rubia de senos operados acomodando su cabello y blusa y atrás de ella salía Matthew, tan descarado como siempre acomodando su pantalón, sentí ira combinada con algo de decepción y algo más que no supe definir.

Al verme él se quedó pasmado en su lugar, se veía nervioso, quité mi vista con desagrado y me levanté de la mesa rápidamente, tenía que salir de allí.

Forzando el Amor [Ya en Fisico en Librerias y Amazon]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora