Uno.

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#MaeDay

Capítulo 1: ¿Qué es Whisper?

Inhalé.

Caminé por el tétrico y silencioso lugar observando las flores que se empezaban a marchitar en cada tumba. Pasaron muchos meses ya desde la última vez que visité a mi madre; era triste tener que asistir a un cementerio para "verla". Habían pasado dos años desde su partida y aún era difícil aceptarlo.

«El mundo está lleno de buenas intenciones».

Decía papá cada vez que mi madre se proponía el dejar de fumar.

Este mundo de intenciones fallidas fue el mismo que Heather Williams una tarde de abril dejó cuando cumplía su trabajo como rescatista, irónicamente murió cumpliendo su labor mientras buscaban el cadáver de un militar fallecido en un accidente aéreo; más tarde en la autopsia notificaron que la causa de su deceso había sido una embolia pulmonar.

Mi mamá había formado parte de la fuerza aérea; recordaba aquel lluvioso día que se fue comentando que regresaría en cuanto su misión terminara.

Pero nunca regresó.

—Hola, mami —Me erguí haciendo el saludo militar para luego sentarme como un indio frente a la placa—. He estado un poco atascada con las clases, ¿sabes? Creo que voy a empezar a trabajar como practicante en un restaurante de aquí, a Derek le falta muy poco para graduarse y papá sigue siendo el loco actor de siempre. Te extrañamos mucho, sé que papá y Derek vinieron a verte la semana pasada mientras estaba en exámenes, así que hoy decidí venir a verte sin decirles —sonreí de lado limpiándome las lágrimas con la manga del jersey—. Mi hermano está un poco triste últimamente, la niña pelirroja lo trae así, ya no sé cómo ayudarlo, pero es que él es muy tonto, má. Había empezado bien con los consejos de papá, luego apareció este rubiecito amenazando con golpearlo y se echó para atrás, ahora no tiene oportunidad, lo veo venir. Pero bueno, solo quería dejarte estas flores, son rosas azules... te gustaban mucho. ¿Recuerdas este idioma raro que hablabas con papá para que no los entendamos? Pues él me está enseñando, ¿qué te parece, eh? Pronto podré traducir las cosas que escribía al oír lo que ustedes hablaban. Espero que sean cosas buenas —bromeé levantándome y dejando las flores en el pequeño florero—. Vendré pronto, lo prometo. Te amo.

Tomé aire intentado no volver a llorar y regresé de camino a la salida para tomar mi bicicleta. Manejé por varios minutos para llegar por fin a casa. Me quité la mochila y el abrigo para luego dejar las llaves en la mesita que estaba debajo del viejo espejo de mi madre.

—¿Hay alguien en casa o estoy sola?

Silencio.

—¡Si alguien no se pronuncia en dos minutos, me desnudaré y empezaré a cantar por toda la casa como una condenada loca!

Un minuto. Caminé por el primer piso de la casa, no había nadie.

—¡¿Hola?!

Un minuto y medio.

—¿No hay nadie?

Dos minutos.

Me encogí de hombros quitándome la camisa y encendí el estéreo que daba a conocer la voz del tal Julien Garnier, me estremecí y cambié rápidamente de estación. Asentí aplaudiendo en cuanto aquella canción antigua empezó a sonar por toda la casa y lancé la prenda al aire.

—¡Muy bien! ¡¡Así sí, viejo!! —grité aplaudiendo más fuerte y agité la cabeza mientras mi cabello se movía de arriba a abajo.

Libertad en su máxima expresión, miré el reloj en mi muñeca y até mi cabello de nuevo mientras buscaba mi camiseta, mi hermano no tardaría en llegar y si me veía así iba a pegar el grito del año tachándome de loca... de nuevo.

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