Cuatro.

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#MaeDay

Capítulo cuatro: #DisneyGrelch

—¿Cómo que te vas? —preguntó Tommy tocando mi hombro, me moví y puse mi mochila donde estaba su mano para que deje de tocarme. Él rió al ver que aplastaba su mano, ¿por qué creía que era broma?
—Sí, voy a buscar a mi hermano y me voy a correr.
—¿Te vas de clases para ir a correr, Mae?
—Las últimas clases las llevo bien. No tengo ganas de seguir aquí por hoy —comenté guardando libros en mi mochila.
—Pero...
—¿Qué, Tommy?
—Estás loca.
—Sí, más locos están otros —mencioné cerrando el casillero en cuanto vi al causante de mi molestia pasar.
—Pero no puedes sólo irte, Mae.
—Adiós —alargué caminando luego de ver como el tipo ese se reía. Bufé saliendo de la universidad junto a mi bicicleta de camino al colegio de mi hermano.

La explicación es clara: El día anterior, Chef O'Neill nos había mandado a limpiar el almacén prometiendo que subiría un poco el promedio a quien lo necesitaba. En realidad no lo necesitaba, pero siendo una maniática del orden quería ayudar. Joseph no dejaba de darme la contraria en todo lo que hacía, empezaba a ser frustrante y realmente no entendía por qué rayos le caía mal si nunca le había hecho nada.

Al día siguiente le dijo a Chef O'Neill que yo no había ayudado en nada y que sólo estorbaba. Ojo, que tiene veinte años, pero parece un niño inmaduro.

¿Qué hago si quiera hablando de él?

—¿Pasó algo? —preguntó Derek luego de que lo llamaran en recepción— la secretaria me llamó y dijo que estabas aquí pero...
—¿Quieres ir a correr? —mi hermano entrecerró un poco los ojos y sonrió.
—¿En serio, Mae? —asentí y me levanté— ¿estás escuchándote? ¡Quieres sacarme de clases para ir a correr! ¿Qué estás esperando?

Estiré la mano y la tomó halándome hacia la puerta con rapidez.

Aunque fuera para hacer ejercicio, sabía que aceptaría. Pequeño tonto.

Pasamos por casa para dejar las cosas y cambiarme. Él no quiso cambiarse, así que terminamos en un campo de trigo lejos de casa.
Me obligó a tomarle un par de fotos, y corrimos un rato. No sabía cómo soportaba él correr en vaqueros, pero estaba loco, así que mejor no preguntar.

Con vistas en Counterville así, no se necesitaba ser un fotógrafo profesional.

Pero qué bonito.

—Estoy terriblemente cansado.
—Tú quisiste venir vestido así —hablé para luego tomar agua.
—Eh... ¿Me das tu teléfono?
—¿Estuviste tomándote fotos con mi teléfono de nuevo, verdad?
—Tal vez.

Reí desbloqueando el móvil y busque en mi galería. Derek se creía un granjero, genial. Tenía una rama de trigo en la boca. Giré a verlo y sonrió inocentemente mientras negaba con la cabeza para mandarle la foto.

De regreso a casa puse en el reproductor a una nueva banda que había encontrado poco tiempo antes de eso. The Pumpins, se llamaba.

—Me alegra tanto que no seas de las locas a las que me gusta ese tal Garnier.
—Ya lo sé, ya lo sé —comenté agitando la mano con desdén. De todos modos hay que respetar los gustos de los demás, aunque crea que son espantosos, hay que respetarlos.

Mi hermano rió y siguió manejando. Al llegar, mientras él se estacionaba, yo corrí a abrir la puerta de la casa, pegándome un buen susto.

—¡Max! —grité mientras el chico buscaba algo en la nevera.
—Hola, chiquitina, mi amor, mi vida.
—¿Cómo entraste? —pregunté mientras me abrazaba.
—Abriendo la puerta y dando un paso hacia adentro.
—¡Max!
—¡Cara de rata! —gritó lanzándose sobre su mejor amigo, mi hermano.
—Y de nuevo con eso —dijo Derek en el piso— ¿cómo entraste?
—Abriendo la puer...
—No, cállate —Lo detuve riendo mientras le daba la mano para que se levante, y por consiguiente, él a mi hermano.
—Bueno, tal vez antes de viajar saqué una copia de la llave —alzó la llave y se la quité rodando los ojos.
—Controla a tu amigo, Derek.
—¿Por qué tan abrigada? —preguntó refiriéndose a mi atuendo de ejercicio.
—Me voy a cambiar, no rompan la casa.

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