Veintiséis.

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#MaeDay

Capítulo veintiséis: Feliz cumpleaños, Mae.

No sé si me divertí más cocinando junto a Joseph o en la propia fiesta, lo único que recuerdo es que me había olvidado de lo mal que la pasé la noche anterior al enterarme de que Mia tenía la posibilidad de venir y que al final no pudo.

—¿Vas a obligarlos a usar gorros de fiesta?
—Es una cosa obligatoria —comenté acomodando los gorritos con la cara de Olaf.
—Muffin, cada día me sorprendes más.
—Lo tomaré como un cumplido —sonreí mientras abría la puerta.

Al poco rato, empezó a llegar gente en grupo y obviamente los obligaba a usar los gorros, al principio me vieron raro, pero entendieron que era mi fiesta y debían imaginar que algo haría.

—¿Por qué? —preguntó Joseph y sonreí abriendo una lata de jugo de uva.
—No todos los días cumples la mayoría de edad, capi. 
—Así que decidiste que tu fiesta siendo oficialmente mayor de edad sería con tema para niños.
—Ah, pero eso no tiene nada que ver. Siempre quise hacer algo así, pero nunca me atreví. Ya sabes como... Era antes.
—Pues ya quedó en el pasado —sonrió de lado y tomó de mi lata, yo lo miré— ¿qué?
—Es mi jugo de uva.
—¿Me das un poco? —Yo sonreí. Iba a decir algo pero él negó con la cabeza y volvió a tomar.
—¡¡Feliz cumpleaños!! —gritó un desconocido abrazándome y me alarmé al notar dos cosas: Olía a alcohol y era un desconocido que realmente no conocía.

Okay, debo explicar eso. Me refiero a que hay desconocidos que, puedo saber quienes son... Pero no recuerdo totalmente. Y a este seguro que no lo conocía.

—¿Quién eres?
—¡No shhé! ¡Ni siquieda sé cómo me llamo! —Lo empujé para que deje de abrazarme y lo largué.
—Fuera de mi casa, ebrio.
—Mae —rio Joseph mirándome un poco asombrado.
—No me estoy riendo, nadie lo invitó. ¡Fuera!
—Uy, qué humor. Me-mejors me voy a la fiesta de... No shé quién —rio y se fue. Lo miré confundida mientras salía de mi casa y algún amigo suyo, que tampoco conocía, cabe recalcar; lo siguió.

Me subí a la mesa de la isla en mi cocina apoyando mi mano en la cabeza de Joe y todos giraron a verme.

—Todos los que no hayan sido invitados y estén metiendo alcohol. Se retiran de mi casa ahora mismo.

Un grupo de gente que no conocía me abucheó y los que se quedaron me aplaudieron, dos tipos de personas, claramente.

—Quiero agradecer a ustedes amiguitos por venir. Sé que no soy lo suficientemente buena a veces y que siempre estoy distraída, pero todos me caen muy bien y espero que se diviertan. Hace años quería hacer algo así. Acabo de cumplir veintiún años y creo que... Me siento igual que ayer. La edad es solo un número, chicos. ¡Diviertánse!

Señalé al chico que se ofreció a "presentar" todo y él tocó el altavoz.

—Ahora, todos vamos a empezar a jugar, a pedido de la cumpleañera, a las escondidillas, tú —Señaló a Max y caminó como todo un ganador hacia el presentador.
—¿Qué pasa, tío? —se acercó al megáfono fingiendo una voz mucho más gruesa.
—Tú llevas la cuenta, y que sea hasta cincuenta. Oh una rima —Fue lo último que dijo al entregarle el artilugio.

Treinta jóvenes intentando esconderse en mi casa. Sí, genial. Menos mal había cerrado con llave las habitaciones.
Max contaba y yo corrí a esconderme debajo de la isla en la que había estado parada, Joseph se arrodilló a mi lado quedando bastante cerca y me parecía perfecto.

—Hola.
—Muffin, nos van a encontrar.
—¿Estás cómodo aquí? —pregunté mirándolo y él se relajó riendo suave mientras estiraba las piernas para luego sentarse como un indio igual que yo.
—No te callas nunca nada, ¿verdad?
—¿Por qué debería? No sé callarme las cosas, lo siento.
—Cuarenta y dos, cuarenta y tres...
—Sí, definitivamente no te vas a callar —se acercó y apoyó su frente sobre mi hombro. Sonreí con los ojos cerrados y me apoyé de lado mirando hacia la cocina sobre el suyo.
—Podría estar aquí por mucho tiempo, pero me duele la espalda —confesé susurrando y él sonrió alejándose un poco, pero lo suficiente para quedar cerca.
—A mí también.
—Cincuenta...

Me miró y por primera vez en mucho tiempo vi confianza en sus ojos. Se acercó más y mi mente no hacía más que repetir rápidamente: «Va a pasar, está pasando, va a pasar. Mae, está pasando. Actúa natural, no hagas nada vergonzoso, no lo alejes, dale confianza, va a pasar, ¡¡Va a pasar!!».
Rocé sus labios y fue él quién se acercó. Me besó.

Toqué su mentón y el tomó mis dos mejillas. Sus labios eran cálidos y no había una sola persona que besara como él. Tampoco es que haya besado a tantas personas... La inocencia, la confianza, el sabor a caramelos de cereza que le había visto comer minutos antes, ¿Por qué estoy analizando esto?

Mi teléfono sonó y lo saqué mientras Joseph no tenía pensado detenerse. Abrí los ojos y me separé en cuanto vi a Max agachado con la boca abierta.

—Hola... —hablé mientras Joseph reía de lado, mirando la pared.
—¡Me engañas, mujer!
—Max... —alargué rodando los ojos y él rio.
—Bueno, ya. Perdón. Sigan compartiendo saliva, yo voy a buscar a los demás. ¡Perdedores! —soltó alzando las manos en forma de victoria y se fue bailando.
—Pues yo no creo haber perdido algo.
—La vergüenza, sí.
—No puedes perder algo que no tienes —Lo tomé de la camiseta y lo volví a acercar a mí.
—Vas a besarme.
—Tú me besaste primero, es mi turno —sonreí y lo hice mientras rodeaba mi brazo por su cuello, haciendo trucos totalmente dignos de un gimnasta al estar debajo de una mesa.

Un par de horas después, no sabía dónde estaba parada. Al parecer, el grupo que boté de casa, trajo más amigos y...

—¡¡Que viva la del cumpleaños!! —grité riendo.
—Mae, ¡que te bajes de la mesa! —Me gritaban desde lejos.
—¿Mamá?
—Mae, ¿qué te pasa? —preguntó cargándome para bajarme de ahí.
—Oh, hola —sonreí tocando su rostro— qué bonito eres.
—Mae... Lo prometiste —reí abrazándolo y cerré los ojos.
—No sé nada. Yo solo quiero más jugo de uva. ¡Oye, dame más jugo! —Le grité al tipo y sonrió dándome un vaso.

Joseph me lo quitó y lo olió.

—Esto no es jugo, Mae. ¿Qué te dieron? —Yo me encogí de hombros y quise tomar el vaso, pero lo echó a la basura.
—¡Oye!
—Dijiste que no volverías a esto. Dijiste que no rompías tus promesas.

Y dentro de la confusión, reaccioné.
Corrí como pude hacia dónde estaba el altavoz y grité: —¡Váyanse todos! ¡Ya! ¡Se acabó la fiesta!

Me miraron y poco a poco fueron saliendo, quedando solo Max y Derek sentados en el sofá de atrás jugando videojuegos.

Tiré el altavoz y comencé a mover todas la botellas para botarlas a la basura.

—Mae, te vas a lastimar —habló mi hermano levantándose.
—Derek, por favor —alcé la mano y terminé de juntar las cosas en la bolsa. Intenté llevarla hacia la puerta, pero mi hermano se adelantó y la llevó.
—Muffin...
—Perdón. Sé que no tienes nada que ver, pero te lo prometí, así que en parte te fallé.
—No, espera. Es que es tu vida, no creo que deberías sentirte así, perdón por reaccionar de esa manera.

Negué con la cabeza y suspiré.

—Solo me recordaste que acabo de fallarme a mí misma por primera vez. Una promesa es una promesa, sea lo que sea.
—¡Hola! ¡Traje galletas! —sonrió papá con una bolsa blanca siendo seguido por mi hermano— oh, ¿por qué tenemos esas caras?
—Pá...
—¿Ya acabó la fiesta? Yo venía a mostrar mis pasos de baile —mencionó moviéndose vergonzosamente— No, espera. ¿Estuviste llorando?
—No.
—Lo hiciste.
—No, no es cierto.
—¡No me mientas!
—¡Que no! —hablé y subí las escaleras.

¿Qué clase de comportamiento fue ese, Mae?

Corrí hacia mi cama y golpeé la almohada.

¿Qué rayos me estaba pasando?

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Jueves 28 de enero a las 00:45.
He terminado por fin este capítulo, Chime del futuro, si lograste subir la maratón, te felicito. Espero que apruebes el examen de matemática. Fea.

Espero que les haya gustado el cap, jeje.

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