Cuarenta y cuatro.

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#MaeDay

Cuarenta y cuatro: Mamá.

—No vas a poder actuar, Mae —habló el doctor mirándome desaprobatoriamente, en medio del ensayo, mi pie empezó a doler y tuvimos que volver al hospital.
—Claro que puedo, es un dolor insignificante.
—Mae, no debiste manejar esa bicicleta, no sé cuánto tiempo estuviste pedaleando, pero empeoró todo.
—No puede ser posible —Papá apoyó sus manos en la cara sobre la mesa y suspiró.
—Lo siento...

—Miren, no sé qué pasa... Pero la única forma de que salga actuar es una silla de ruedas, y por favor, amarra a tu hija a su cama y no la dejes salir, porque la niña es muy testaruda y no me hace caso.

—Si pudiera, ya lo hubiera hecho, amigo. Gracias de todos modos.

—Te puedo ayudar con la silla de ruedas, si quieres...

—No, alquilaré una, no te preocupes, doc. Pero tengo una pregunta, ¿dijo cinco o tres semanas? 

—Dije tres, Mae...

—Oh —reí mirando a papá que negaba con la cabeza.

Me levanté y caminé hacia la salida siendo detenida por papa, que puso la muleta en mi espalda.

—Quieta ahí, pequeña humana, desde ahora me harás caso.

—¿Qué?

—Ya oíste, andando —Entonces tomó las muletas y me las entregó para caminar a la salida.

Y después de mucho tiempo, papá se quedó todo el día en casa, sentado en la silla que estaba al lado de mi cama mientras veíamos películas, hablábamos de mamá y se burlaba de mí por oír cinco, en vez de tres.

Al día siguiente, como dije, renté una silla de ruedas para actuar con libertad en el escenario sin que al doctor le diera un ataque.

—Mae, ¿estás lista?

—Por supuesto, para correr una maratón —sonreí estirando mucho los labios y mi hermano rió sacando su teléfono.

—Mira quién está aquí.

—¡Hola, duende! Espero que la actuación vaya genial, te estaré viendo en el escenario.

—Oh, ovejita —Ella fingió una gran sonrisa, si la tuviera cerca, ya me hubiera golpeado— gracias. Lo cierto es que estoy un poco nerviosa.

—Bueno, apesto para animar a la gente... Estoy orgullosa de ti, por hacer esto aunque... Lo de tu mama. Eres fabulosa, rompete una pierna... No, mejor no. Y no estés pateando basureros.

—Qué tonta eres, largo de aquí, ambos —reí mientras mi hermano se llevaba su teléfono.

A poco tiempo de salir, mientras papá me gritaba que estuviera lista cuando ayudaba al equipo de trasbastidores, oí que algún actor no había llegado, pero mi padre se cerró en que todo iba perfecto.

La obra iniciaba con una pequeña echada en el piso deseando ser una superheroína, entonces pasan muchas cosas, muere su madre, su padre se convierte en uno de los chefs más elogiados en el medio... entonces la niña crece y se inscribe en la marina, pero le niegan el acceso por ser mujer.

Va a marchas, se rebela contra muchos y al final de esa escena, termina llorando en un rincón.

A la otra escena, sale sonriendo, se supone que corre y salta, pero solo da vueltas en su silla de ruedas (cosa que no debía aparecer, así que papá disfrazó la silla como un auto).

Mamá es feliz porque ante la presión en los medios, la aceptan en el equipo de rescatistas, siendo la primera mujer de ese equipo, más adelante se unen más.

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