Veinticuatro.

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#MaeDay

Capítulo veinticuatro: Cita.

Pagué los pasajes y seguí caminando mientras evitaba contestar cualquier cosa que hiciera notar que no sabía a dónde íbamos. Pero supongo que lo notó en cuanto presioné cualquier botón de destino.

—Mae...
—Espera, mira. ¡Ese es nuestro! —Señalé tomando su mano para que corra hacia allá y nos detuvimos en el andén para que las puertas se abran.
—Mae, t...
—Vamos, hay que sentarnos aquí —Señalé y nos sentamos, poco tiempo después, las puertas se cerraron.
—No tienes idea del lugar al que vamos, ¿no?
—Nop —alargué presionando bien la letra "P" sobre mis labios.
—Entonces... ¿Dices que conoceremos a un nuevo Brutus?
—Quién sabe.
—¿Por qué haces eso?
—¿Hacer qué? —pregunté mirándolo.
—Perderte... Literalmente. Ya van dos veces que lo haces.
—No lo sé, sin contar el hecho de que no sabía cómo regresar a casa, me gustó mucho caminar por ahí y conocer las calles de mi ciudad... Hay tanta historia por ver. Estamos tan acostumbrados a la monotonía que, cuando se hace algo distinto... Simplemente nos desencajamos. Creo que haré esto más seguido.
—Entonces te acompaño —Lo miré y sonreí, él giró a verme rápidamente, pero volvió a mirar por la ventana.
—Sería genial —susurré y fue lo último que dije por varios minutos.

Cuando las puertas del metro se abrieron, nosotros bajamos y caminamos por la subestación hacia la salida. El atardecer empezaba a notarse y lamentablemente, me ubiqué.

Sabía dónde estaba. ¡Quería perderme y me ubiqué!

—Eh, ¿qué pasa? —rio Joseph mientras yo caminaba mirando las calles.
—Conozco este lugar.
—¿Y? ¿Eso es malo? ¿Es peligroso? —preguntó metiendo las manos a su bolsillo, yo negué y lo miré.
—Es eso, conozco el lugar y quería perderme.
—Sólo tú podrías enojarte por no estar perdida, Muffin.
—Da igual, creo que ya sé a dónde podemos ir.
—¿Segura?
—Sí, es divertido, ven —Tomé su brazo, y lo guíe hacia el lugar.

Era un sitio de bolos al que solía ir con Derek cuando aprendí a manejar... Mamá aún estaba viva y siempre nos regañaba cuando llegábamos tarde. Recuerdo aquella vez en la que un viernes, mamá apareció en ese lugar buscándonos porque "era tarde", eran las dos.

Las dos de la tarde.

—La extraño —murmuré olvidando que Joseph estaba a mi lado.
—¿A quién?
—¿A quién qué?
—¿A quién extrañas?
—Oh... A mi mamá.
—Te pareces mucho a ella.
—Lo sé, siempre me lo dijeron... ¿La viste?
—Claro, cuando empezamos las clases, recuerdo que siempre que podía te llevaba y recogía.
—Sí, no era siempre... Pero cada vez que aparecía, yo era feliz. Pensé que no me habías visto desde que empezaste a enojarte con la vida y a molestarme por nada.
—¿Cómo supones eso? Si cada vez que entras a un lugar, te llevas la atención de todos. Ya sea por lo escandalosa, o porque... No sé, llamas la atención.
—¿Llamé tu atención cuando empezamos las clases? —pregunté golpeando su estómago suavemente con el codo.
—Como la de todos.
—¿Eso es un sí? ¿Te enamoraste de mí a primera vista, e imaginaste nuestro futuro juntos?
—Estás loca —rio y no quiso mirarme.
—No lo negaste.
—No imaginé nuestro futuro juntos, Mae —alargó mirando hacia arriba. Esperé por unos segundos mirándole y solté:
—Entonces sólo te enamoraste de mí.
—Cállate y entra —rio empujándome suavemente hacia la entrada.

Se enamoró de mí, yo lo sé.

Ya dentro del lugar —luego de pelear con el encargado por insinuar que debía usar calzado de niños porque no había de mi talla en versión adulto—, Joseph y yo nos miramos. Me estaba retando con la mirada, lo vi en sus ojos.

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