Cuarenta y dos.

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#MaeDay

Cuarenta y dos: Muletas.

—Niña, ¿estás bien? —preguntó una anciana viéndome tirada en el piso, giré a mirarla intentando controlarme.
—No, me duele el tobillo.
—¿Quieres que te ayude a tomar un taxi? Sería bueno que vayas al hospital.

Y asentí. La señora llamó a un chico que iba caminando por ahí para que me ayudara a levantarme, ambos me dejaron en el taxi y siguieron su camino luego de agradecerles.

Estuve al menos seis horas esperando que me atendieran, y eso que era un día bueno. A veces podía esperar mucho más, por eso no me gustaba estar en los hospitales y evitaba los accidentes a toda costa.

Y claro, tenía que fracturarme pateando un basurero.

«Lo que tiene es un esguince» dijo el doctor, dándome una maravillosa noticia, me mandó a vendar, me puso un botín y dijo que debía llevarlo junto a las muletas por cinco semanas.

—Genial —forcé una sonrisa mientras salía de la oficina en silla de ruedas, con las muletas en las manos.
—Mae...

Mi hermano estaba detrás, la enfermera nos dejó y yo no giré a verlo.

—Si vas a decir algo sobre lo tonta que soy, mejor no digas nada —Él rió y negó con la cabeza poniéndose frente a mí— ¿Cómo llegaste aquí?
—Vine en el auto que dejaste en el hotel. Llamaron a casa, obviamente solo estaba yo, papá quería venir, pero le dije que yo vendría y me burlaría el doble por él.
—Oh, gracias —asentí mirándolo y guiñó el ojo llevándome a la salida.
—Vamos a casa, botas.
—Por favor, no hagas comentarios sobre esto, me siento ridícula. Ni siquiera sé usar esto, Dios —Me quejé en cuanto me ayudó a levantarme mientras me acomodaba en las muletas.
—¿Quieres que te lleve hasta el auto? —Y empecé a reír a carcajadas señalándolo.
—¿Tú me vas a cargar? Te vas a romper en el camino, hermano.

Derek negó con la cabeza, me cargó cual bebé y me dejó en el asiento para poner las muletas en la parte de atrás.

—Me veo débil, pero no lo soy —Fue lo último que dijo para luego manejar a casa.

Intentó preguntar qué había pasado, pero decidí quedarme encerrada en mi habitación y lo respetó.
Lamentablemente me abandoné, estuve ahí por dos días pidiendo que nadie entrara, pero mi prima decidió que era el momento.

—¡Tienes que levantarte! Mae, en unos dias es navidad, ¿sabes?
—¿Y? No tengo planes.
—Los tienes. Nos vamos a casa del abuelo.
—¿Tú estás loca o comiste basura?
—Mae, ¿qué tipo de vocabulario es ese? —Se indignó tocando su pecho y solté una carcajada.
—Lo siento, prima.
—Bueno, como sea. Convencí a mamá, vamos a llamar al tío Dylan e iremos a casa del abuelo por navidad.
—¿Es en serio? —pregunté sentándome para verla de frente.
—Sí, obviamente mamá pidió que nosotras llamemos al tío porque ella no lo hará.
—¡¡Oh por Dios!! ¡¡Yo llamo!! —chillé saliendo de mi cama como un bólido para tomar el teléfono.
—Residencia de Dylan Williams al habla —habló alguien agudizando la voz, rodé los ojos y negué con la cabeza.
—Buenos días, soy Mae Griffin, quisiera hablar con mi tío, ¿con quién tengo el gusto?
—Soy Julie, su ama de llaves, ya le paso con el señor su excelencia —dijo para luego alejar el teléfono de sí— ¡¡Señor!! ¡Lo llama su sobrina! —Entonces oí la voz de mi tío.
—Sí, ya voy, Julie. Puedes colgar, muchas gracias —Mi tío "tomó el teléfono" y me "contestó"— ¿Hola?
—¿Harás ese show cada vez que te llamen, Dylan? Hace meses que Julie renunció.
—Pero eso no lo saben los demás, qué pasa, petisa. ¿Cómo va la escuela?
—Supongo que bien... Deben llegar muchos alumnos y tal.
—¿Cómo?
—Terminé la escuela hace tres años, Dylan.
—Oh...
—Sí, bueno. No me sorprende.
—¿Y a qué se debe tu maravillosa llamada, sobrina mía?
—Bueno, llamo para avisarte que en... ¿Cuánto? —Le susurré a Lex, que hizo una seña con las manos— dos días pasaremos a buscarte, nos vamos a Glasswood a pasar navidad con abuelo.
—¿En serio? —Pareció sonar sorprendido— Y... ¿Alice irá? ¿Está de acuerdo?
—Por supuesto, ¿crees que llamaríamos si obtener una afirmación de su parte? Tú eres policía y mamá era militar, pero aquí la ruda siempre fue Alice —Mi tío soltó una simpática risa y sonreí— ¿Entonces?
—Quiero una casa de jengibre.
—La prepararé para ti.
—Bien, me apunto.

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