Capitulo 42

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—Hailey...

Levanté la cabeza y ahí estaba. Suspire profundamente.

—Hola —dije poniéndome de pie frente a ella.

—Te... te traje esto —extendió una bolsita con galletas—. Son tus favoritas.

Las tomé, pero no sonreí.

—¿Por qué haces esto? —pregunté mirándola fijamente.

—Quiero hacer las paces contigo... Sé que no terminamos bien y... la verdad quería cambiar eso. Hailey, tú fuiste una gran amiga, y yo lo arruiné. Quiero pedirte perdón.

Sentí un nudo en la garganta.

—No puedo creer que tú ayudabas a Ryan... Yo pensé que éramos amigas.

—Y lo somos... —susurró—. Hailey, perdóname. Me dejé llevar.

—¿Te dejaste llevar? ¿En serio? Es lo más estúpido que alguien puede decir.

—Lo lamento —respondió, y una lágrima cayó por su mejilla.

Mi respiración tembló.

—Tú fuiste quien le dio mi nuevo número, ¿verdad?

Megg bajó la mirada.

—Sí.

Me quedé helada.

—Es que no puedo creerlo.

—Hailey... perdón, él insistió demasiado, prometió que ya no te haría daño

—Sabías que me seguiría haciendo daño, y aun así aceptabas hacerlo. ¿Qué amiga hace eso? Dime.

Ella rompió en llanto.

—Lo sé... lo siento tanto.

Me temblaban los labios, las manos, todo.

—Eras mi mejor amiga, Megg. La única que yo tenía... y lo arruinaste todo —las lágrimas empezaron a salir de mis ojos sin poder detenerlas.

—Perdón —repitió, temblando.

—Megg...

—Por favor, perdóname —dio un paso hacia mí, desesperada.

—No sé... —me mordí el labio tratando de contener otra lágrima—. No sé qué pensar.

—Estoy demasiado arrepentida, Hailey.

Me quedé en silencio. Sí, me había destruido... pero también era verdad que, si todo eso no hubiera pasado, nunca habría llegado a mi vida Octavia... ni Jake... ni Liam.

Suspiré.

—Está bien.

—¿Qué? —levantó la mirada, sorprendida.

—Te perdono...

Una sonrisa triste, rota, apareció en su rostro.

—Pero... —continué— no sé si esté lista para que volvamos a ser amigas.

Ella asintió con comprensión.

—Está bien... lo entiendo.

Nos levantamos de la banca. La abracé. Fue un abrazo leve, incómodo, pero necesario.

—Gracias, Hailey —susurró.

—De nada, Megg.

La solté y comenzamos a caminar en direcciones opuestas. Cuando dobló la esquina, exhalé todo el aire que había estado conteniendo. Levanté la mano para pedir un taxi y regresé al departamento.

Apenas abrí la puerta, Liam caminó hacia mí de inmediato.

—¿Estás bien? —preguntó abrazándome fuerte, casi con desesperación.

—Sí, estoy bien —respondí hundiendo mi rostro en su pecho.

—Me asusté cuando desperté y no estabas —dijo, dándome un beso en la frente.

Caminamos hasta el sofá y nos sentamos.

—Tenía que hablar con Megg.

—Ouuuu —hizo una mueca exagerada.

—Siiii... ouuuuu —reí un poco.

—¿Todo salió bien?

—Sí. Hablamos, me desahogué... y estoy bien ahora.

—Me alegra. Ven —dijo acercándose, dándome un beso en la mejilla y abrazándome con fuerza, como si quisiera protegerme de todo lo que alguna vez me lastimó.

Y entre sus brazos, por primera vez en mucho tiempo, sentí una paz absoluta.


(...)
—¿Entonces los de la cita de hace días sí eran Alex y Octavia? —preguntó Liam, completamente sorprendido.

—¡Siiii! Pensé que habías captado la indirecta —dije rodeando los ojos mientras él se reía bajito.

—Pensé que solo estábamos jugando —respondió encogiéndose de hombros.

—Ellos están saliendo... y lo malo es que no me quieren decir. No sé si piensan que me voy a enojar.

—¿Y te enojarías?

—¡Claro que no! —dije sin dudarlo, incluso sonreí con emoción—. De hecho, estoy más que feliz. Octavia ha pasado por tantas cosas... igual que yo. Ella merece ser feliz y vivir un romance bonito, un romance de verdad. Y qué mejor que con mi hermano, que también sufre de amor.

Solo imaginar a Alex y a Octavia juntos, sonriendo, caminando por Nueva York... me hacía sentir una ternura enorme. Ellos podrían ser perfectos.

—Tienes razón —asintió Liam—. Pero ahora... ¿con quién se va a quedar Jake?

Solté una carcajada.

—La verdad no sé. Necesitamos buscarle novia.

—Sí, tenemos que hacer opciones —dijo riendo también.

—Pero eso lo haremos luego —respondí, acomodándome mejor sobre su pecho—. Lo único que quiero hacer ahorita es estar acurrucada aquí contigo.

Me escondí en su cuello como si pudiera quedarme ahí para siempre.

—Por mí está perfecto —susurró, apretándome un poco más fuerte.

(...)

Me desperté un rato después. La luz tenue del departamento iluminaba apenas el perfil de Liam, medio dormido, medio despierto.

—Pensé que estabas dormido también —murmuré.

—No puedo... la verdad es que no —susurró con la voz rasposa.

Entonces le sonó el teléfono. Vio la pantalla, hizo una mueca cansada.

—Necesito ir a entrenar.

Me incorporé un poco, sentándome junto a él en la cama.

—¿Volverás tarde?

—No. En una hora estoy de regreso. Lo prometo.

Sonreí. Me acerqué y lo besé suave.

—Ten cuidado... te amo.

—Yo más —respondió sin pensarlo, dándome un beso rápido antes de levantarse.

Tomó sus llaves, se acomodó el cabello como pudo y salió del departamento.

Cuando la puerta se cerró, el silencio quedó flotando. Suspiré y fui a la sala. Aproveché la tranquilidad: leí un rato mi libro, vi una serie que tenía pendiente... y ya cuando empezó a oscurecer, preparé algo de cenar para los dos.

My Only One 3 •Editando•Where stories live. Discover now