Capitulo 45

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Me desperté y lo primero que hice fue revisar mi teléfono. Las once de la mañana. Suspiré, me levanté y tendí la cama antes de dirigirme a la habitación de Liam. Toqué suavemente.

—Liam... —llamé—. ¿Liam? Solo abre la puerta.

Esperé unos segundos, pero no hubo respuesta. Toqué de nuevo, un poco más fuerte. Silencio. Probé girar la manija y la puerta se abrió sin resistencia. La cama estaba hecha, impecable, y la habitación completamente vacía. No había rastro de él.

Caminé hasta la sala. Las llaves de Liam no estaban en su lugar. Sentí el estómago apretarse. Fui a mi habitación a tomar ropa y me metí a la ducha, intentando no pensar demasiado. Cuando salí, me sequé el cabello, me maquillé y me puse mis botas. Regresé a la sala, marcada por un silencio incómodo.

Le llamé.

—¿Liam? —pregunté cuando marcó... pero cayó directo al buzón de voz.

Colgué despacio. Dejé el teléfono sobre la mesa y me senté en el sillón, esperando, mirando cada pocos minutos hacia la puerta, como si en cualquier momento fuera a abrirse.

(...)

Eran las cuatro con quince minutos de la tarde. Nada. Ni una llamada, ni un mensaje, ni una señal mínima de que Liam hubiera estado ahí en algún momento del día.

Mi teléfono vibró. Lo tomé rápido.


[Caleb]: ya estoy afuera


Mi corazón dio un salto.


[Hailey]: ahí está el carro de Liam?

[Caleb]: no


Guardé mi teléfono en mi bolsa. Dudé un segundo, mirando una vez más la mesa donde deberían estar las llaves de Liam. No había nada. Abrí un cajón, tomé un juego de llaves de repuesto, me las guardé y salí del departamento.

En el elevador respiré hondo, tratando de calmar la mezcla de ansiedad y enojo que llevaba atorada en el pecho. Cuando llegué al estacionamiento, un mercedes negro estaba estacionado justo frente a la salida. Caleb estaba dentro. Me subí.

—Hola —dije, acomodando mis cosas.

—Hola —respondió él con una sonrisa tranquila—. ¿Lista?

—Sí.

—Perfecto.

Caleb condujo por las calles de Ohio hasta llegar a un complejo de departamentos modernos, altos y grises.

—No sabía que vivías en un departamento —comenté mientras entrábamos.

—Sí... vivo solo —dijo, y cuando lo miré con evidente duda, se echó a reír—. Mentira, vivo con Clay.

—¿En serio?

—Sí. De hecho, llega como en una hora.

—Está bien.

—Le dije que si podía llegar más temprano —añadió—. Ya ves que te llevas mejor con ellos. Para que te sientas más cómoda.

—Me llevo mejor con ellos porque tú... tú me haces sentir incómoda —admití, mirándolo con sinceridad.

Caleb me sostuvo la mirada, bajó un poco la voz.

—Es por los piropos que siempre te hago, ¿verdad? Lo siento... a veces no los puedo controlar.

My Only One 3 •Editando•Where stories live. Discover now