Me desperté gracias a Liam, que no paraba de moverse a mi lado. Cambiaba de posición cada pocos segundos, inquieto, casi como si peleara con algo en su sueño. Fruncí el ceño, me acerqué y apoyé mi mano sobre su pecho.
—¿Te sientes bien? —pregunté en voz baja.
No respondió. Solo siguió moviéndose.
—Liam... —susurré un poco más fuerte.
Entonces se incorporó de golpe, respirando entrecortado, como si hubiera despertado sobresaltado.
—¿Qué pasó? —preguntó confundido mientras se sentaba al borde de la cama.
—¿Estás bien? No parabas de moverte... —me acerqué más—. Estás sudando.
Él levantó una mano y se tocó la frente. Al sentirla mojada, frunció el ceño y se limpió el sudor con el dorso de la mano.
—Estoy bien —murmuró, soltando un suspiro que no me convenció.
—¿Seguro?
—Sí —insistió.
Me acerqué, rodeé su torso con mis brazos y apoyé mi mejilla en su espalda.
—Ven... tranquilo —murmuré para que su respiración se calmara.
Él correspondió el abrazo y poco a poco su cuerpo dejó de tensarse.
(...)
Abrí los ojos horas después, aún abrazada a él. Esta vez la habitación estaba iluminada por la luz que entraba por las cortinas entreabiertas. Su respiración era tranquila, su pecho subía y bajaba suavemente. Sonreí, llevé mis dedos a su cabello y comencé a acariciarlo despacio hasta que abrió los ojos.
—Buenos días —dije sonriendo.
—Buenos días —respondió él, tallándose los ojos con una expresión adorablemente adormilada.
—¿Dormiste bien?
—Sí, gracias.
Su voz sonó un poco ronca, pero sincera. Me dio un beso en la frente antes de estirarse.
Después de un rato platicando, preparando el desayuno juntos y comiendo relajados, el día avanzó sin que nos diéramos cuenta. Cuando eran casi las tres de la tarde, el teléfono de Liam vibró sobre la mesa. Él lo revisó y soltó un largo suspiro mientras rodaba los ojos.
—¿Por qué hoy...? —murmuró.
—¿Qué sucede? —pregunté recargándome en el respaldo de la silla.
—Los chicos quieren venir —respondió sin mucha emoción.
—Invítalos.
Él negó despacio.
—La verdad no tengo ganas.
—¿De ver a tus amigos?
—Sí.
—Yo te miro muy bien con ellos.
Liam me observó unos segundos, como si buscara que lo entendiera sin decirlo. Al final bajó la mirada.
—Quiero estar contigo —admitió.
Solté una risa suave y le di un pequeño empujón con el hombro.
—Aún me quedan algunos días, tranquilo.
Él sonrió al fin, como si eso lo hubiera aliviado.
—Está bien —dijo, aunque aún parecía un poco conflictuado.
(...)
Los chicos llegaron poco después y todos estaban felices de verme ahí. La verdad, los amigos de Liam eran muy buena onda, relajados, ruidosos, desordenados... pero divertidos. Caleb también era buena onda, solo que a veces sí tenía sus momentos en los que se pasaba de coqueto, y eso me incomodaba. Otras veces simplemente prefería ignorarlo.
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My Only One 3 •Editando•
Teen Fiction"Siempre serás tu" Liam tendrá que tomar una decisión, la decisión de quedarse con Hailey en N.Y.... o aceptar y seguir sus sueños de ser un jugador profesional.
