Capitulo 13

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(...)

Eran las cuatro de la tarde y estaba comiendo una sopa instantánea. No era precisamente mi comida favorita, pero era lo más rápido que tenía a la mano. La televisión seguía sonando de fondo, aunque no le estaba prestando atención. Acababa de darle una cucharada más a la sopa cuando alguien tocó la puerta.

Me levanté con algo de flojera, dejando la cuchara sobre el plato, y caminé hacia la entrada. Al abrir, me encontré con Jake, sonriendo de esa manera suya que siempre lograba mejorarme el día.

—Hola —dije, sonriendo al verlo.

—Hola, Hails —respondió él mientras entraba como si la casa fuera suya. Traía una bolsa de papel en la mano y la dejó sobre la mesa.

—¿Y esto? —pregunté, alzando una ceja.

—Comida —respondió con una sonrisa divertida—. Pensé que tal vez no tendrías mucho apetito y pues... quise traerte algo que sé que jamás rechazarías.

—¿Una hamburguesa? —pregunté con una sonrisa.

—Siii —dijo orgulloso, sacando el empaque de la bolsa.

—No me gustan.

—¡Mentirosa! —dijo cruzándose de brazos con fingido enojo, mientras yo reía.

—Está bien, sí me gustan... y sí, se ve demasiado apetitosa —confesé, sentándome de nuevo frente a la mesa.

Jake se sentó a mi lado, observándome mientras yo abría la caja y el aroma llenaba la cocina.

Di el primer bocado y no pude evitar sonreír. Era justo lo que necesitaba.

—¿Has hablado con él? —preguntó Jake, en voz más baja.

Asentí.

—Sí, en la mañana.

Él suspiró y me miró con esa mezcla de ternura y preocupación tan suya. —Sé que es difícil, Hailey... y sé que duele. Pero aquí estaré para lo que necesites. Tú y Liam son demasiado fuertes. Han pasado por pruebas más duras y siempre salen con heridas, sí, pero juntos. Solo... respira, ¿sí?

No pude evitar sonreír y sentir un nudo en la garganta al mismo tiempo.

—Gracias, Jakey. Sabes lo mucho que te adoro, ¿verdad? —dije mientras lo abrazaba.

Él me rodeó con los brazos y me apretó contra su pecho.

—Siempre lo he sabido, Hailey. Y pienso lo mismo de ti —susurró, abrazándome más fuerte.

Me quedé así un rato, sintiendo ese calor humano que tanto necesitaba. Jake siempre sabía cómo llegar justo cuando todo comenzaba a pesar demasiado.

Y aunque no lo decía, ese abrazo me ayudó más que cualquier palabra.


(...)

Después de terminarme toda la hamburguesa —sí, entera— y ver una película con Jake, me sentí un poco más tranquila. Fue una tarde sencilla, pero justo eso necesitaba. Él se despidió pasadas las siete y, cuando se fue, el silencio del departamento volvió a abrazarme.

Eran las 8:30 de la noche y estaba cenando un cereal mientras revisaba el teléfono sin mucho interés. El televisor seguía encendido, pero apenas si registraba las imágenes. Cuando terminé, lavé el plato, apagué las luces del pasillo y me aseguré de que todo estuviera cerrado. Entré a mi habitación, me puse una sudadera y me acosté en la cama. Las sábanas estaban frías, pero el cansancio pudo más. Me acomodé sobre la almohada, abrazando uno de los cojines, y sin pensarlo mucho mis ojos comenzaron a cerrarse poco a poco.

My Only One 3 •Editando•Where stories live. Discover now