Capítulo XLI: Crysta y el ladronzuelo de galletas.

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Si bien Stephen James no realizó una fiesta gracias a Escandinavia (se rumoraba que un fantasma arrancó el techo de su casa, pero en realidad era cosa de polillas), mi tranquilidad se agarró de las bordas cuando mi amada amiga Sarah me pidió ayuda con el examen de Biología que tendríamos el martes.

Verán, no tenía problemas en estudiar con mis amigos, porque incluso me refrescaba la memoria con las cosas que no tenía tan claras y resultaba bastante útil a un nivel personal, pero cuando alcanzabas siete horas con un cuaderno frente a tu cara y casi todo el sábado transcurriendo en eso, comenzabas a sentirte un poco desesperada.

El statu quo de mi cerebro amenazaba crisis.

―No, mira, las mitocondrias tienen su propio ADN y ribosomas, mientras que los cloroplastos tienen su propio ADN y proteínas. Las mitocondrias transfieren energía de las moléculas de los alimentos en ATP mientras que los cloroplastos...

―¿Sirven de cloroplastos? ―Mi amiga adivinó, entrecerrando los ojos.

Golpeé mi frente―: Son los que transforman la...

―¡La energía del sol y el CO2 de la atmósfera en las moléculas de los alimentos! Totalmente lo sabía. ―Su sonrisa se transformó en una orgullosa, que causó que me explaye sin esperanza por la mesa mientras suspiraba.

―No estaré en el examen recordándote el inicio de cada oración, Sar.

Fue el turno de mi amiga para suspirar―: Lo sé, y lo siento. Tengo ciertas cosas en la cabeza que me están molestando y no me hacen pensar con claridad ―dijo, mordiendo su labio inferior mientras me miraba fijamente―. ¡No puedo más; necesito drenarlo! ―Repentinamente tomó mi mano entre las suyas, causando que le mire un poco confundida cuando tragó seco, aclarando su garganta―. He querido hablar contigo desde hace días, pero no he visto el momento preciso. Hemos estado tan ocupadas con las pruebas, y saliendo con los chicos; tampoco sabía si hablarlo sería lo correcto, pero necesito que me escuches. ―De acuerdo, comenzaba a espantarme―. Sé que el asunto de la cita con Jace fue una mala idea.

Así que por ahí iba el asunto.

―No lo hice con mala intención, de verdad pensé que él era una persona genial. Sí, quise ver la reacción de Harry respecto a la cita pero no fue mi principal razón; pensé que si Jace tenía alguien por quien arreglarse sería más higiénico, que teniendo una cita con alguien como tú intentaría dar lo mejor de sí. Él me prometió que lo daría; pero no lo hizo y de verdad lo siento. ―Su expresión de abatimiento sorprendentemente no parecía Hollywoodense―. Pensé que al ambos tener tantos gustos por las películas tendrían una amena velada, descubriendo qué otras cosas tenían en común, pero me equivoqué.

¿Sarah Gallagher admitiendo que se equivocó? ¡Las vacas comenzaban a volar!

―No voy a insistir en que me perdones porque no es un discurso para quitar la culpa de mi sistema. Solo quería que escucharas lo que tenía para decir.

Una leve sonrisa cruzó mi rostro, apretando su mano―: Te perdono.

Ella pareció un poco descolocada, frunciendo las cejas―: ¿En serio? ¿Tan rápido? ¿No me tirarás en un barril de desechos tóxicos? ¿No me esposarás en sentido de la justicia? ¿No drama? ¿Nada? ―Alcé una ceja, observándola divertida, induciendo que Sar ría bajando la cara―. Probablemente debería callarme. ―Asentí, riendo por su estupefacción, cuando se levantó de un salto de su asiento y corrió a abrazarme vigorosamente, estimulando que una liviana risita escape de mis labios mientras le devolvía el estrujón―. Muchas gracias, Pukie. Eres la mejor.

―Lo sé. ―Arrugué la cara con una sonrisa, ocasionando que ella me imite sin soltarnos al tiempo que no perdíamos de vista a la otra―. Además, no es como si hubiese tenido una cita con Harry Reid o algún idiota que diga "suicidador" y haya acogido al Bushismo entre sus brazos ¿No es así?

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