Capítulo XII: Catorce minutos en el paraíso.

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  • Dedicado a Liam Payne, por su cumpleaños.
                                    

Habían pasado ya tres parejas y tenía la suerte de que no me hubiese tocado a mí. Esperaba que continuase de esa forma hasta que se aburrieran del juego. A Maggie le tocó entrar con Zayn, y si bien la chica había estado con Cameron no estoy segura de si no hubo beso en medio de esa oscuridad pero estaba un poco mareada porque le sirvieron un gran vaso de Vodka que posiblemente ni lo recuerde. No obstante, ambos salieron carraspeando como si nada y se sentaron en sus puestos habituales. Luego le tocó a Meisy, una chica del mismo curso que nosotras, con Louis. Y estoy bastante segura de que esos casi llegan a tercera base de una, de no ser porque el reloj sonó. A Sarah le tocó ir al paraíso con Kate, otra chica un curso mayor que nosotras, y como no habían reglas que prohibieran entrar del mismo sexo al clóset tampoco supimos si algo sucedió. Entonces aquí íbamos de nuevo con el juego, colocándonos las pañoletas.

¡Bien yo pude haber tomado el puesto de Jessica, maldición!

Kate giró la botella, lo supe porque pude escuchar el movimiento, entonces ahora iba la parte en la que Jessica nos tocaba el hombro a todos y esperé a que lo hiciese conmigo de una vez. Y esperé. Y esperé y esperé… Y seguí esperando hasta que la parte entre mis clavículas sentí una superficie de cristal, entonces supe lo que significaba: estaba jodida hasta el fondo. Sólo que por favor no sea Harry, es todo lo que pedía. E incluso podría ser Liam aunque no hable mucho con él. ―¡Oh Dios! ―Ese definitivamente fue el gritito de Sarah, y por un momento cuando iba a tomar el vaso lo sentí rápidamente más pesado, pero no le tomé importancia y me lo tomé de un solo golpe. Sentí unos bracitos en mis hombros que me llevaban hasta la puerta del armario, y otro cuerpo me siguió por lo que mi corazón latía desbocado sin saber quién era. Mi cabeza también estaba lo suficientemente mareada y tocada como para pensar coherentemente y largarme de ese lugar arrancando la bandana.

No estoy segura de cuántos minutos pasaron, pero ninguno de los dos pronunciaba nada. El chico que me tocó estaba igual de nervioso que yo. ¿Acaso era Niall? El chico siempre se ponía como un pollo sudado cuando estaba a punto de presentar las parciales. ¿O se trataría de Zayn? Escuché que le atosigaban los lugares incómodos y quizás por eso se decidía a no hablar.

―Eh, estoy seguro de que los chicos esperan que te bese...

Esa voz… ¡Tenía que ser Zayn! O no, sonaba un poco más bajo y parsimonioso. Quizás… O tal vez… Posiblemente sea… Está bien, tenía que admitir la derrota: mi cerebro tostado no podría descubrir quién era el sujeto hasta que salgamos a la luz neón del pasillo dentro de siete minutos. Y el que el chico en cuestión estuviese encendido hasta la médula tampoco ayudaba a que pudiese analizar a qué voz cotidiana se parecía. Pero lo único que supe es que escucharla produjo un cosquilleo en mis dedos, por lo que me balanceé entre mis pies nerviosa―. ¿Entonces por qué no lo has hecho? ―Me animaba pensar que mi voz sonaba tan perfecta y no increíblemente borracha como en realidad estaba.

―Temo terminar besando un envase de limpieza.

Su comentario me hizo reír, y él comenzó a reír conmigo a los pocos segundos. Ambos nos carcajeábamos como si hubiese dicho el mejor chiste del mundo, pero francamente sólo se trataba de un producto formado por mi alcohólico cerebro. Justo como lo que estaba a punto de hacer―: Asegurémonos de que no lo hagas, entonces. ―Y me lancé a ciegas contra él rodeando su cuello entre mis brazos y plantando mis labios en los suyos. Fue como si un flujo de corriente eléctrica me recorriera de la cabeza a los pies, alzándome unos cuantos metros por encima de las nubes cuando el chico misterioso rodeó mi cintura para acercarme más a él. Mi espalda chocó contra uno de los estantes haciendo que una caja oscura caiga al suelo pero al parecer a ninguno de los dos le pareció más importante que devorarnos la boca. Mis dedos se enterraron en su cabello, y lo sentí extrañamente familiar, pero tampoco quería pensar mucho sobre ello. La sensación que los labios de este muchacho me estaban haciendo sentir era tan indescriptible pero sensual al mismo tiempo.

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