Capítulo 34

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Multimedia: Little Mix- More than words

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—Cumpleaños feliz, te deseamos a ti. Cumpleaños, Layla, cumpleaños feliz. —Cantó en mi oído, para luego darme una nalgada.

—¡Mamá! —chillé y a mis oídos llegó el sonido de su risa.

Me moví en la cama como si fuera un gusano, hasta acercarme a ella y colocar mi cabeza encima de sus piernas.

—¿Tenías que darme una nalgada? —susurré con los ojos cerrados.

Sus manos acariciaban mi cabello con suavidad, su aroma a canela me envolvió, dándome una sensación de paz. Dejó un beso en mi cabeza y habló:

—No todos los días cumples dieciocho, y es nuestra tradición.

Sonreí y me acurruque más a su lado.

—Nunca cambias —susurré.

—Y nunca lo haré, pequeña.

Siguió acariciando mi cabello, mientras tarareaba una canción que no logré identificar. Mi cuerpo se fue haciendo cada vez más liviano, solté un bostezo y me dejé llevar por sus caricias y su voz.

La tradición de mi madre era que todos los años, a las seis de la mañana, el día de mi cumpleaños, me cantaba en el oído y al terminar me daba una nalgada. Luego yo me acercaba quejándome y colocaba mi cabeza encima de sus piernas, ella me acariciaba el cabello y me cantaba para volver a dormir.

Desde que tengo uso de razón lo hacía, mi abuela se burló de mí cuando en mi décimo cumpleaños le conté. Ella me dijo que hizo lo mismo con cada uno de sus hijos, y que mamá solo seguía la tradición. A diferencia de ellas mi padre tenía una tradición diferente.

—Buenos días —dije entrando a la cocina.

—Buenos días, pequeña no tan pequeña —respondió papá, se acercó y me envolvió en un abrazo. Besó mi coronilla y se alejó—. Ya eres toda una mujercita.

Sonreí.

Caminé hasta la encimera y me senté en un taburete.

Volteó a verme, en su mejilla izquierda había harina, tenía puesto un delantal de color azul marino que decía tenía bordado en el centro con color "el mejor cocinero de la ciudad" Aunque eso no iba con él. Lo único que sabía cocinar sin quemar la casa era hot cakes.

—Pero todavía eres un bebé y siempre lo serás ante mis ojos —se apresuró a aclarar—. Y aunque no lo quiera aceptar, estás creciendo a largos pasos.

—Y detestas que eso ocurra —afirmé.

Asintió y sacó el hot cake del sartén, para luego echar más mezcla.

—Todos los padres detestamos ver a nuestros hijos crecer tan rápido, y más si es nuestro único hijo —añadió—. Pero es inevitable, ya que es...

El recuerdo de un amor ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora