Capítulo 57

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Multimedia: Beret- Vuelve

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—Eras horrible. —Hizo una mueca—, realmente horrible. Tus ojos eran grandes, la nariz era pequeña; igual que lo era tu boca. Tenías más cabeza que cuerpo y siempre mirabas todo con curiosidad.

Solté una pequeña risa, me acomodé en el asiento mientras que la camarera servía los platos de comida.

—Auch. —Coloqué una mano en mi pecho, fingiendo estar indignada—, hieres mis sentimientos, padre.

Sonrió mostrando los dientes, dos hoyuelos se marcaron en sus mejillas y sus ojos se achinaron.

—Solo digo la verdad. —Cortó un pedazo de su panqueque y lo introdujo en su boca, luego masticó y tragó—. Mi padre no quería alzarte, decía que eras demasiado fea para ser su nieta.

—¡Papá! —chillé riendo.

—¡Eras horrible! —exclamó riendo.

Él me había ido a buscar a casa de Jazz para ir a desayunar. Ese era el hombre que había mirado antes de haberme ido de casa, sus ojos me miraban con tanto amor que mi corazón daba un vuelco de pura felicidad. Quería recuperar a mi familia, dejar atrás todo y volver a estar bien con ellos, no importaba si iba a tardar en lograrlo, no importaba; con tal de estar junto a ellos de nuevo, esperaría paciente.

—Mi madre decía que te parecía a un loris por esos inmensos ojos.

—¡Papá! —Volví a chillar y escondí mi rostro entre mis manos.

—¡Solo te digo la verdad! —Se defendió en medio de la risa que atacaba su cuerpo.

Retiré mis manos de mi rostro y apoyé mi mentón en los puños de mis manos, él seguía riendo; parecía que se iba a morir de la risa. Su rostro estaba rojo, de sus ojos caían algunas lágrimas y sus hombros se movían.

—Esto es bullying —susurré—, mi propio padre me hace bullying.

—No tengo la culpa de que fueras horrible cuando eras bebé.

—Bueno, pues tengo tus genes, así que salí a ti —informé, agarré el licuado de fresas y le di un sorbo.

—Cuando pequeña era hermoso, todos me querían alzar —habló con modestia—. No como tú.

Arqueé una ceja.

—Entonces... ¿salí a mamá?

Asistió con la cabeza.

—Cuando bebé, tú madre era una bola de carne. —Sonrió de lado y negó con la cabeza—. Era espantosa, tú abuelo me mostró fotos para avergonzarla conmigo. Es por eso que tú sacaste los genes de tu madre cuando eras bebé, y después, cuando fuiste creciendo hicieron aparición los míos. Porque ahora eres hermosa.

—Mamá te mataría si te escuchara decir que era horrible cuando bebe.

—Es por eso —se inclinó en la mesa y susurró—, que te voy a comprar un pedazo de torta, solo si guardas el secreto.

El recuerdo de un amor ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora