Ambos se encontraron y fueron capaces de compartir sus peores momentos, heridas y sonrisas.
El amor estaba, pero era demasiado difícil admitirlo.
Los recuerdos quedaban, pero dependía de ellos conservarlos.
»Fuiste como una suave y dulce adicción pa...
Las sirenas de las ambulancias sonaban incesantemente. Que molestia.
Seguí comiendo un caramelo mientras intentaba ignorar todo. Claro, no era fácil. Maldecía a mi hermano por haberme traído aquí.
Habían pasado ya años, pero no lograba acostumbrarme. El aire, la gente, todo. Todo era tan distinto a Busan.
Los toques en mi hombro me hicieron dejar de pensar. Hoseok señaló a un costado con la cabeza.
Me puse de pie, acomodé un poco mi cabello y caminé un poco hacia donde Hoseok había señalado. Me topé con una chica bajita de cabello rosa con mechones rojos. Sonreía ampliamente.
—Ho...hola—habló evitando verme.
Reí con algo de sarcasmo.
—¿Quién eres tú, eh?—cuestioné, aunque me tenía completamente desinteresado.
La sonrisa desapareció y sus ojos marrones me vieron con confusión.
—¿Q...qué no me recuerdas?—soltó con evidente decepción.
Que tonta. Obvio si lo supiera no le preguntara.
—No—dije secamente.
Pareció ponerse incómoda y empezó a jugar nerviosamente con su cabello haciendo resaltar el negro esmalte en sus uñas.
—Soy Heejung. Coincidimos ayer en la clase de Música.
La vi haciéndole saber que no me importaba en absoluto la conversación.
—Bueno....yo quería que volviéramos a vernos y–
—Niña—la interrumpí observándola fugazmente—, ¿crees que yo soy un chico que sale con cualquiera y se enamora? Reacciona, nunca saldría contigo.
Sus ojos empezaron a ponerse acuosos. Que dramática.
—Yo...yo–
—Linda, no seas ingenua—Jin se sumó a la conversación. —Este chico jamás se interesará en las chicas. Mejor sal conmigo y...¡Auch! ¿Qué dije, Taehyung?—preguntó haciéndose el inocente luego de mi golpe.
—Deja de hablar. Y tú—me dirigí a la chica—, mejor vete ya.
Me observó una última vez y noté como las lágrimas empezaban a hacerse camino en sus mejillas. Soñaba si pensaba que me conmovería con eso.
Se alejó y volví a mi antiguo lugar.
—Hermano—Hoseok se sentó a mi lado—, ¿no crees que te pasaste con la chica?
—No. Ella se lo buscó por ser tan tonta.
Él soltó un suspiro.
—¿Planes?—preguntó cambiando de tema.
—¿Nos vamos a casa? Quiero dormir.
Hoseok y yo vimos mal a Jin por su tonto comentario.
—¿Qué?
—Tonto. No vamos a saltarnos las clases y huir de la escuela solo para irnos a dormir, ¿no crees?—lo vi con obviedad.
Se encogió de hombros.
—Oí que habrán apuestas hoy en Gangnam, ya sabes, dinero, emoción y algo de alcohol, ¿te apuntas?
La propuesta de Hoseok no sonaba mal.
Asentí.
—Genial, vamos entonces.
Nos pusimos de pie los tres y nos alejamos de aquel lugar muy fácilmente.
¿Quién necesitaba a la tonta escuela?
Dejamos la preparatoria y caminamos por las calles de Seúl. Hoseok, Jin y yo. Ni siquiera éramos especiales. Ni siquiera sabía porqué estaba allí con ellos.
Estas situaciones, como las que se daban en Gangnam, me ayudaban a olvidarme de mi vida tan miserable. A olvidarme de lo poco que valía. A olvidarme de todo.
A olvidarme de lo vacío que era Kim Taehyung.
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Estoy muy emocionadaconesto. Esdeunatramadistintaaloquehehechoyesperoseadesuagrado. Besitos, graciasporsulectura.