Capítulo 28

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Cuando por fin se decidió por un libro de la extensa colección en la biblioteca Rose se dirigió a su habitación. El mayordomo había enfermado. Su madre al retirarse a un baile que tenía planeado para esa noche le había ordenado reposo. Cuando el mayordomo puso peros, asegurando que su deber era vigilar la puerta y esperar el regreso de su señora, su madre le respondió que sería mejor descansara durante la noche cuando muy poco se le necesitaría a tener que abandonar su puesto durante el día. Ese argumento fue convincente, el ama de llaves quien era su esposa, lo acompañó a sus habitaciones.

Rose estaba segura que la totalidad de doncellas y lacayos estarían pendientes de su salud por lo que al salir de la biblioteca no esperó encontrar a nadie en los salones de la casa mucho menos ver a Stephen en el pasillo de las habitaciones familiares.

Ella iba pensando en la necesidad de visitar una librería para encontrar un libro dedicado a la lucha contra la pobreza. No iba a ser fácil encontrar algo así. Normalmente esos títulos no eran ofrecidos a las damas, ella tendría que preguntar al encargado y esperar que éste no la viera como una loca debido a sus poco femeninos gustos en lecturas; cuando al doblar la esquina se dio con la sorpresa que Stephen salía de la recámara de su hermano al final del pasillo. Vió como la sorpresa le llegó también a él al verla. Seguro no había contado con encontrársela en camisón en medio del pasillo sea cual fuera la razón por la que estuviera allí. Con el corazón retumbando dentro de su pecho, en la semi oscuridad de la noche, vio acercarse a Stephen mientras el libro que tenía se deslizó de sus manos hacia el suelo.

- Hola. - Fue lo único que pudo decir cuando lo tuvo más cerca. Él como el caballero que era recogió su libro.

Nunca iba a lograr superar la belleza en el rostro de Stephen. Y estar cerca de él siempre le nublaba la cabeza.

- Hola. ¿Planeas un viaje pronto? - le preguntó, devolvió el libro sonriéndole y se paró frente a ella más cerca de lo que era correcto. Pero con solo las velas como compañía tan cerca de sus habitaciones nada era correcto.

- ¿Un viaje? - La habían enseñado a no responder una pregunta con otra pero esta vez no podía evitarlo.

- Tú libro. Consejos para el viaje exitoso de una dama. - Dijo Stephen leyendo el título del libro que recientemente le había entregado.

-Ahhh . Bajé por un libro distinto pero mi padre y Robert no han puesto mucho empeño en la organización de la biblioteca aquí como en la de casa. Mi madre siempre tuvo a su cargo la organización de la que se encuentra en el campo. Al parecer aquí en Londres se toma té y se va a fiestas pero no se lee mucho. Así que fue algo que encontré y me pareció interesante. Quizá me sirva algún día una nunca sabe.

- Recuerdo que estuviste muy interesada en los detalles de mis viajes cuando los visité en la fallida boda de Robert. ¿Nunca has viajado?

- No. Mi vida siempre fue en el campo. Mi viaje más esperado era venir a Londres. Y mi madre dijo que posiblemente viajaría en mi luna de miel. - Cuando se dio cuenta de lo que había dicho Rose quería morirse allí  mismo. Esos temas no eran tratados con amigos, no sabía si lo hablaría con su prometido siquiera.

- Es una buena idea. - Dijo Stephen como si hablaran de pasear por el parque.

El silencio que siguió fue embarazoso porque Rose no sabía cómo salir del bache en que se había metido a pesar de la poca importancia que le dio Stephen. Hasta que se dio cuenta que quien tenía que dar alguna explicación no era ella.

- Y tú, ¿Qué haces aquí?  Es decir, no es que seas bienvenido a esta casa, a una hora adecuada.

- Lo sé, estoy en falta. Tengo una buena excusa, traje a tu hermano, bebió más  de lo debido en mi casa y no se encontraba en condiciones de subir solo, así que entre su ayuda de cámara y yo lo subimos. No había nadie más por los alrededores.

- Siempre es bueno saber que Robert tiene tan buenos amigos que lo devolverán a casa aun cuando esté inconsciente. - Rose intentó decir esto con el máximo nivel de sarcasmo posible. Lo que llevó a una sonora carcajada de Stephen.

- A mi favor debo decir que yo solo le invité una copa. Las demás se las invitó el solito. Como notarás mi estado es el mejor. - Abriendo los brazos y dando la vuelta le permitió confirmar su estado de sobriedad.

- Quizá eso solo demuestre que eres mucho más resistente que Robert con la bebida. Pero agradezco el gesto. Gracias por traerlo.

Con sonrisas en sus rostros y sabiendo que era el momento adecuado de despedirse pero sin querer hacerlo le llegó la petición más inesperada.

- ¿Me permitirías ser tu acompañante en el baile que tengas planeado para mañana? Sé que tendré que pelear con un montón de jovenzuelos por estar a tu lado, pero, guardo la esperanza que además bailes conmigo otro vals.

Allí mismo se dio cuenta de las altísimas probabilidades de terminar enamorándose del duque más buscado por las madres para sus hijas. Terminaría con el corazón roto ya lo sabía de antemano. Stephen no había dado señales de estar buscando esposa y de buscarla no la escogería a ella. Ese pensamiento estuvo a punto de hacerla tomar su nariz con sus manos. Solo un movimiento al final del pasillo la controló. Era el ayuda de cámara de su hermano que viéndolos en el pasillo regresó a la habitación.

- Me encantaría. - Respondió. Podía disfrutar de um poquito de atención especial de un hombre tan guapo sin terminar loca por él - Eso sí, nada de peleas, tengo un carnet con muchas piezas de baile para los jovenzuelos como los llamas. Pero apartaré el vals para tí. Quizá y aparezcamos otra vez en las columnas de chismes. Si ya salimos una vez no veo como afecten dos.

Stephen como siempre terminó sorprendiéndola al acercarse a tomar su mano para besarla en los nudillos. Ambos sin guantes. Esto era escandaloso. ¿Pero que no lo era en su relación con Stephen?

- Démosle un gran espectáculo ¿que tal si bailas conmigo las tres piezas límites de rigor?

- Estoy segura que ese es el límite para una pareja comprometida.

- No, si fueras mi prometida bailarías solo conmigo. - Lo dijo con tanta intensidad en su mirada que todo su cuerpo se estremeció. - Ten dulces sueños querida Rose. Vendré por tí mañana.

Soltándola y realizando una reverencia se despidió de ella.

Rose no tardó en olvidarse del libro para meterse a la cama con pensamientos felices de que quizás sólo quizás Stephen sí estuviera interesado en ella.


Casi perfectaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora