Capitulo cuatro - EDITADO

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Como dije antes, nunca en mi corta vida había disfrutado tanto pasármela con tanta gente, riendo y charlando. Literal, siempre que estaba con las amigas de London, me sentía fuera de lugar o me miraban como si yo fuese algún bicho raro, mentiría si dijera que no me molestaba que ellas me miraran de ese modo, porque después, cuando no podía más que solo mirar como pasaba el tiempo, me imagina que en verdad algo estaba mal en mí.

Yo no era rara, ni mucho menos estaba mal, solo necesitaba amigos que me hicieran sentir segura de sí misma. Y para ser sincera en verdad no encuentro las palabras exactas para describir cuánto amor siento por dentro.

Al momento de irme si deseaba llegar a casa sola, porque usualmente me gusta reflexionar mientras escucho algo de música o como alguna chuchería que me encuentro por ahí por los quiosco. Le mandé un mensaje a mi mamá antes de partir rumbo hacia mi destino y me dediqué a bailar sin música mientras caminaba, hoy no triaría los audinofos, pero la felicidad la tenía al tope.

Bailando y cantando, no me había puesto a pensar en todas las cosas turbias que me estaban sucediendo; como el mensaje, los dolores, las voces y las extrañas imágenes de mi mente. No soy fanática del terror porque no me gusta sentirme asustada, con el simple hecho de pensar que hay algo más misterioso que el universo, me hace poner los pelos de punta.

Pero al estar tan pendiente de mi diálogo interior, no me percaté que alguien se encontraba en mi camino y que por mala suerte, empujé a esa persona.

— Disculpe — Dije, pero al levantar la mirada, aquella persona era la que menos quería ver hoy —. Carla.

— Vaya vaya, pero mira quién apareció — Y por si fuera poco, sus otras dos amigas vinieron hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja frotándose los puños. Era horrible el miedo que sentía al verlas a ellas tres juntas —. ¿Te cambiaron de liceo, maricona?

— No estoy de humor para tus boberías — Aunque mis piernas se habían convertido en un papel, no dejé que vieran mi miedo, así que la aparté y quise seguir caminando, pero Penélope, una chica más alta y robusta que yo, me agarró del hombro y me atrajo hacia ellas como si fuese su maldito juguete. De la rabia que tenía me solté de su agarré y la empujé, haciendo que cayera encima de la otra chica, Lucía.

Empecé a correr por toda la calle sin echar un ojo hacia atrás, oía a lo lejos los gritos de esas locas pero yo solo pensaba en llegar a mi casa para que alguien me salvara el pellejo, pero nada, ya me sentía tan casada que mis piernas bajaron la velocidad y el aire empezó a entrecortase, sin poder hacer nada me escondí en el peor lugar que podía, pero era lo único que pensé en ese momento. Me escondí atrás de un montón de basura y ahí me hice bolita, con el corazón casi saliéndose de mí y el sudor bajar lentamente por todo mi cuerpo.

No podía, aunque lo intentara, mi respiración se me complicaba al igual que cualquier intento de querer moverme, me dolía hasta el alma. Ya a los pocos segundos de creer que esas mujeres se habían ido, sentí el jalón de pelo que me dio Carla para traerme hacia ellas e inmovilizarme, cerré mis ojos y espere a que todo esto pasara, a que alguien me ayudara, pero hoy parece que tampoco era mi día de suerte.

El golpe seco que me proporcionaron en las costillas me hizo gritar, pero ellas seguían pateando mi cuerpo. Agarraban mi cabeza y la estrellaban al piso una y otra vez, era insoportable, no paraban de hacerlo, quería llorar pero la sangre ya era el sustituto de mis lagrimas. Lucía tomo mi cuerpo y lo aprisionó en sus enormes brazos, Carla se me acercó y agarró con muchas fuerza mi barbilla, pero era imposible poder visualizar correctamente su silueta, sentía como mis ojos poco a poco se estaban nublando.

— No me vuelvas a tocar en tu puta vida, maldita homo-desvaída — Lo último que escuché fueron mis huesos sonar cuando su puño impactando en toda mi cara.




¿Será que morí? No sabía que la muerte se sentía tan... Pacífica. Siempre pensé que solo nos encontrábamos con una oscuridad total, sin sentir aunque sea el frío viendo de la madrugada, pero donde yo me encontraba, tenía que meter mis manos en mis mangas para no congelarme.

— Emily ¿sabes donde estas?

— No, pero sé quién eres — Respondí, y me levanté del suelo donde me encontraba tirada. No podía ver nada, pero por alguna razón, mi cuerpo si respondía a las señales que mandaba.

— ¿Quieres verme, Emily?

— No quiero, eres horrible. Me darás asco en cuanto vea tu cara.

Entre esa oscuridad, a lo lejos, pude ver la silueta de una chica casi de mi tamaño, y como yo no era muy grande que digamos, tampoco me espante, más bien, sentí que esa paz interna se había incrementado.

Pero al momento que se acercó muchísimo más a mí, me entró un miedo inexplicable y unas ganas de llorar que me estaban ahogando. Quise gritar, pero mi voz se cortó, desee salir corriendo pero mis piernas me traicionaron y me hicieron caer.

Y entonces la vi, pero ella tenía las facciones idénticas a la mía, lo único que nos diferenciaba era su horrible color de piel tan pálido que se le notaba enferma, sus ojos grandes y complemente negros como si en algún momento me fuera a consumir el alma. Estaba llena de gritas profundas que por ellas salían pequeños hilos de sangre que la hacían parecer de un aspecto más terrorífico.

Su cabello a pesar de que era amarillo, se le encontraba sucio y repleto de manchas rojas.

— Por favor, no me hagas daño — No podía verla así, solo pensé en en que esa persona era yo, pero en otro mundo, muerta, en proceso de descomposición, porque hasta cuando sonreía, se le notaban los dientes amarillos y a sus costados salían pequeños gusanos blancos —. ¡No quiero morir, aléjate!

— No grites, aquí nadie puede escucharte — Ella me levantó e hizo que la mirada directo a su boca, donde sacó su viscosa lengua y la pasó por todo rostro. Quise moverme pero esta vez, ya mi cuerpo no me pertenecía —. ¿Sabes quién soy?

Mi voz, poco a poco estaba perdiendo fuerzas.

— Así quedaré cuando muera, ¿no? Eres mi otra...

— Shhh No, no, no. Yo soy tu...




Despierto.

Aquella atmósfera de paz que antes sentía, había sido reemplazada por los dolores intensos en todo mi cuerpo. Intenté abrir mis ojos varías veces, pero las luces de aquel lugar en donde me encontraba, eran tan intensas que me hacían cerrarlos de golpe.

Hasta que al fin, pude visualizar todo el lugar.

Y el primer mojon que encontré fue a mi madre viendo su celular mientras se mordía las uñas. Hice para levantarme, pero era imposible, así que, con una voz frágil y casi en susurros, la llamé.

Ella se levantó tan rápido como pudo y empezó a preguntar sobre mi estado de salud, pero, estos dolores eran algo inexplicable, del uno al diez, le doy un infinito. Bueeeno, tanto así no pero, sí que era insoportable.

— Odio los hospitales, tienen un olor a suero que casi me hace vomitar — Sí, estaba en un hospital, me lo imaginé en el momento que vi todo a mi alrededor de colores blancos y verdes.

Mi madre iba a responder cuando fue interrumpida por una enfermera pelirroja y un divertidisimo uniforme de Piolin.

— La hora de espera terminó, doña. Si no es mucho pedir...

— Pero es mi hija, no puedo dejarla sola, ¿y si necesita ir al baño?

— Son ordenes del médico. Si fuera por mí, que la familia haga todo el trabajo, agh.

— Má, tranquila — Dije —, no creo morirme porque me dejes sola, y si es así, vaya sistema inmunológico de mierda tengo, eh.

Mamá sonrío a pesar que se le notaba cansada, me dio una sacudida de cabello y se fue tras tomar todas sus cosas, la enfermera se acercó a mí y empezó a pasarme a otro suero.





Gracias a todas las personas que le están dando una nueva oportunidad a este libro, en serio espero que tengan un muy bonito día uwu

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Mi GemelaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora