.•°|LX. Comienza el juego|°•.

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Su mirada chocó con los intensos ojos del castaño, el cual le mostró una sonrisa ladina y llena de satisfacción, como si estuviese feliz por algo, algo que SeokJin conocía a la perfección y le causaba cierta ansiedad.

"Tranquilo; ellos han entrenado lo suficiente."

— ¿Sabes qué día es hoy? — interrogó Jungkook con tono pretencioso.

— Mmm . . . Pues, la verdad es que no estoy seguro ni de cuánto tiempo llevo encerrado, así que no, no sé. — admitió con simpleza. — ¿Me dices qué te tiene tan contento?

— Verás, querido rey. Ahora mismo deben estar coronando a esos nueve niños. En este justo instante, ellos mismos están comenzando el juego. — manifestó el menor mientras caminaba por el lugar, siendo perseguido con la mirada por Yugyeom y Hoseok, quienes también estaban en aquella oficina. — Cumplen por fin veinte, y con ello se convierten en los oponentes perfectos . . . O mejor dicho, en mis propias llaves.

— ¿Piensas usarlos? — cuestionó SeokJin no tan sorprendido. — De acuerdo, eso fue predecible.

— La cuestión es que ni siquiera lo saben, y ese es un problema. — confesó sin vergüenza el menor. — Deberemos actuar ésta misma noche, para que se animen a dar play.

— Son sólo niños . . .

— ¡No es así! ¡En su mundo, ellos ya son adultos! — exclamó con exasperación el castaño. — Además, tú los metiste en esto, así que no te hagas el compasivo porque no te sale, SeokJin.

— Ah, está bien, comprendo tu punto, y ahora que lo mencionas, recién me doy cuenta de que no he tratado de detenerte todo éste tiempo. — admitió pensativo. Jungkook le miró perplejo. — Deja a esos niños. Ellos no merecen recibir el castigo por mí, por un error que cometí cuando era muy joven e inexper-

— ¿Error? — le cortó inmediatamente el menor, con una voz llena de incredulidad. — ¿Le estás llamando error a lo que causó la muerte de dos hechiceros muy importantes en éste mundo?

— Jungkook . . .

— ¿¡Cómo puede ser capaz de hablar con tanta facilidad!? — vociferó el castaño con furia. — ¡¡No debieron morir!! ¡¡Tú debiste hacerlo!! — exclamó, para acto seguido alejarse de dos enojados y consternados hechiceros, y acercarse al rey encerrado con cautela. — Tomarás el lugar de uno de los hechiceros muertos, para que siga existiendo el equilibrio entre los vivos y los muertos. — murmuró, prácticamente con cinco centímetros de distancia.

SeokJin se rindió en el momento que el menor le disparó con una mirada llena de rencor, y se fue, siendo perseguido por Hoseok y Yugyeom. Había ordenado a matar a dos hechiceros que tenían mucho que perder, mientras él estuvo ahí, vivo, sin que nadie se atreviera a enfrentarlo o apoyarlo, a excepción de su incondicional Namjoon. Debió estar sediento de poder en aquel tiempo, y por eso tal vez hizo lo que hizo.

"O seguro fue porque estaba obsesionado con poner orgulloso a mi padre . . . haciendo venganza en su lugar."

El padre de SeokJin había sido, antes de morir, un hombre bastante altanero y petulante, siendo la única imagen paterna que Jin tuvo en su crecimiento. Aquel hombre había llegado a tener muchas parejas, pero sólo se casó con la mujer que se convirtió en su madre. Ella había sido una mujer hermosa, algo vanidosa y bastante lista a decir verdad; era tan atractiva que no podía evitar atraer miradas de otros hombres, siendo también uno de los deseos del antiguo rey.

SeokJin, una vez, de pequeño, mientras jugaba en el jardín de un edificio del palacio, logró escuchar a su madre hablando con su amiga más cercana, acerca de cómo era el rey en la cama; por supuesto que SeokJin no entendió ni un poco e inocentemente le contó a su padre una noche cuando éste le iba a leer un cuento. Después de ello, las cosas en su familia comenzaron a cambiar radicalmente; sus padres peleaban, y en sus discusiones siempre se sacaba a relucir el tema de la infidelidad de su madre con el rey, hasta que un día la mujer desapareció. Su padre se volvió un hombre alcohólico, que siempre llegaba con una mujer distinta a su casa. Aún recordaba a esas muchachas, y lo asqueroso que se le hacían. "¿Así es como termina el amor?" pensaba constantemente entre la edad de diez años. "Entonces no me quiero enamorar nunca".

S T R A Y : 𝒌𝒊𝒏𝒈𝒔 Où les histoires vivent. Découvrez maintenant